31 dic. 2017

Adiós.

Me gustaría odiarte por las faltas de respeto, por engañarme y utilizarme. Por haber dado tanto de mí que acabé sin nada. Me gustaría poder borrarte de mi vida y hacer como que jamás exististe. Poder recuperar estos seis años de mi vida.
Pero ¿sabes qué? No puedo.
Me quedo con lo bueno. Me quedo con nosotros y no con el miedo.
Me quedo con haber podido vivir la historia más bonita e intensa que viviré nunca. Con saber que has sido el amor de mi vida. Con que lo intentamos hasta el final.
Me quedo con trasnochar contigo, las conversaciones sin sentido, aprendernos, contarte los lunares cada vez que me despertaba a tu lado, con crecer juntos, y apoyarnos en lo bueno y en lo malo.
Me quedo con que te quise como jamás he querido a nadie y con que lo intentamos. Con que creímos en nosotros y por un momento, lo hicimos posible.
Por eso te perdono, porque quiero poder contar esta historia algún día y quedarme con lo bueno.
Quiero poder hablar de lo fuerte que me hiciste y de que todo lo que aprendí, lo aprendí contigo.
El rencor es veneno, y yo no quiero matar nuestra historia.
Gracias por hacerme sentir hasta el infinito, por ser mi montaña rusa, por luchar, por hacer de un imposible un nosotros. Gracias por enseñarme que no todo tiene que tener un final feliz, que hay historias que no tienen sentido, y que cuando algo acaba es porque algo nuevo tiene que empezar.

30 dic. 2017

Lo que más rabia me daba de todo esto, era saber que las cosas podían cambiar en cualquier momento ¿sabéis?
Que no sabía aún qué era lo que nos tenía preparado la vida, que no sabía por qué llevaba tantos años en mi vida. Que tenía que haber una razón. Que tenía que haber un final feliz.

Y la verdad, es que he aprendido que hay cosas que no tienen sentido. Y que todos los finales son también principios, pero que no siempre sabemos verlo a tiempo.

Yo todavía tengo la puerta entreabierta, pero no sabéis las ganas que tengo de un buen portazo. La pregunta es, ¿me quedaré dentro?

Así que he decidido que deberíamos descubrirlo a la vez:

Voy a empezar mi primera novela.

27 dic. 2017

Cuando me preguntan por qué tú, yo pienso en cuando cambiabas de marcha con la izquierda por no quitar tu mano de mi pierna después de una semana sin verme. En cuando me abrazabas muy fuerte mientras dormías porque soñabas que me marchaba, en cuando apoyabas tu cabeza en mi tripa y yo me imaginaba lo mismo en cinco años y siendo tres, o en cuando me decías 'ven' haciendo el amor, porque los cinco centímetros que nos separaban te parecían demasiada distancia.
Y para mí eso era amor.
Y aunque no fuera suficiente nadie podrá decir que no lo intentamos, ni nos quitará que fuimos reales.

Nuevo año.

2017,
febrero, (porque enero ya sabemos que siempre es de prueba),
y saber que lo que siempre pensé que era para mí, realmente no lo es. 
Marzo, creer que he perdido el rumbo y volver a casa después de siete años fuera. 
Abril, y decidir que voy a cumplir mi sueño. Y volver a vivir amores imposibles. 
Junio, tiempo para darme cuenta de la importancia de las cosas y de las personas que tengo a mi lado. 
Julio, directa a mi sueño: EEUU. Y feliz.
Septiembre, 22 años y dejando de sobrevalorar cosas. Dando nuevas oportunidades. A sitios y personas. 
Octubre, descubriéndome. Viendo que soy feliz donde menos me esperaba. 
Noviembre, y Roscón. 
Diciembre, y resumiendo. 
2017, ha sido un año raro de cojones. Todavía quedan siete días para cerrar todas las puertas, pero puedo decir, que es el primer año el que he vivido tantas cosas buenas como malas, en el que me he redescubrierto, en el que he crecido por dentro y he vivido mil primeras veces, en el que me he hecho fuerte. Y definitivamente, que jamás olvidaré. 

9 dic. 2017

Cuidado con el precipicio.

Estuve muchos años enganchada a una relación basura en la que di tanto de mí que me quedé sin nada.
Todo el mundo me decía que tenía que salir de ahí, que me estaba consumiendo, que no me merecía.
¿Y qué sabrán ellos?, pensaba yo. Porque claro, le quería. Y ojalá bastara con querer.

Fueron seis años de idas y venidas, de crecer sin él pero siempre acarreando sus consecuencias.
Seis años y no tuvo ni un día para valorarme. Seis años de mentiras, de humillaciones, de vivirle en paralelo, de no ser nunca parte de él. Seis años de echar a perder todos mis avances cada vez que volvía. 

Un día me di cuenta. ¿Y menos mal. no?
Un día me desperté sabiendo que jamás iba a cambiar. Que no había una sola parte de él que me valorara, que me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser y que cuando se aburriera, a él le daría igual. Me desperté sabiendo que nunca había formado parte de su vida, y que jamás entendería todo lo que se esforzó en hacerme creer que me quería a su lado. Sus falsos "quiero vivir contigo", sus interminables "claro que me importas" que me martillaban la cabeza cada vez que me disponía a romper con aquello.

Y apesar de todo, seguí.
Seguí siendo insultada, menospreciada, seguí tragándome gritos que no venían a cuento, ser siempre el tercer plato para alguien que para mí era el menú completo. Seguí perdiéndome.

Y yo, ingenua, seguía pensando que si me dejaba y me volvía a hablar a los tres días, era porque la vida quería que estuviéramos juntos. Porque nuestro destino era ser felices juntos. ¿Qué ilusa, no?

Os resumiré la historia diciendo que estuvimos "juntos" cuatro meses, contando solo desde que "se dio cuenta de que me quería", y que yo me di cuenta de todo esto en el primero.
Aguanté como una valiente,
como una imbécil,
y al cabo de cuatro meses, tras cientos de conversaciones con amigos y mil más conmigo misma, simplemente me fui. Dejé de escribir, y él jamás se molestó en saber por qué.

Y vosotros, que lleváis leyendo más de tres años leyendo sobre la misma persona, no sabéis las ganas que tenía de regalaros un final feliz. Pero ha sido imposible.

Al menos, lo intenté.

Y la historia acaba aquí, aunque no sé si las letras.

Y es en momentos así en los que me pregunto si escribir es un regalo. Cuando me encuentro con una pantalla en blanco y mis manos me llevan siempre a la misma historia. Cuando me es imposible olvidar.

Y cuando el amor vuelva a mis letras, él me leerá preguntándose "¿seré yo?". Y posiblemente sí, pero con suerte ya no.

8 dic. 2017

Mil veces sí.

He decidido no escribirte más.
No volver a soñarte en letras,
no seguir haciéndote infinito.

Porque dicen que 
si un escritor se enamora de ti,
te hará inmortal.

Y yo ya tengo que haberte dado tres vidas.

He decidido no escribirte más,
a pesar de que tu jamás me leas,
y no tenga otra forma de pensarte.

No sé por cuánto tiempo,
pero has vuelto,
y solo quiero que te quedes
y quererte un rato más.

No sé cuántos abrazos
me quedan para darte,
o cuantas noches juntos.

Cuantas veces podré besar
la distancia de tu cuerpo.
Cuantas mañanas tendré,
para seguir contándote en lunares.

No sé por cuanto tiempo,
pero has vuelto.

Y solo puedo esperar,
que cuando me reencuentre
con este último nosotros en letras,
con este miedo a hacerte pasado;
tú me quieras,
hayamos hecho futuro,
y sigamos disfrutando de las vistas
de este nuestro precipicio.

Y pueda decir,
que sí
y mil veces sí,
a volver a caer de él si es contigo.

No sé por cuánto tiempo 
pero has vuelto,
y yo he decidido
dejar de escribirte.

Y es que ya no sé 
cómo hacer letras
todo este caos,
todas las ganas,
todos los síes.

Y hasta entonces,
vuelvo a estar preparada
por si te vas.

Porque sé,
que jamás
tendrás coraje
para admitirlo.

Que preferiste un presente seguro,
a un futuro feliz.
Que era mentira eso
de que no volverían a hacerte sentir.




27 nov. 2017

Diciembre contigo.

Llevas tanto tiempo estando sin estar del todo en mi vida, que ahora que ha llegado el momento no soy capaz de creerlo. 
Son tantos años sabiéndote imposible, que ahora solo tengo miedo de que vuelvas a marcharte y me dejes aquí con otra realidad a medias.

Pero dices que es verdad y me apetece luchar. Por ti, por mí, por una vida a tu lado. 
Y que venga lo que tenga que venir, que yo mandaré mi escudo bien lejos, para poder seguir teniéndote cerca un ratito más.

Llega diciembre y sigues aquí. Y es que es imposible no creer en el destino. En ese que me decías que no existía y que era las decisiones que tomábamos. 
Yo te elijo a ti. Ahora y mil veces siempre.

Llega diciembre y no encuentro mejor abrigo que tus brazos y ese huequito en tu cuello en el que me acurruco cuando te quiero y no sé cómo decírtelo, que parece hecho a medida para mí.

Y es que no hay cierzo que valga mientras sigas mirándome así. Llevame a la casa más fría que quieras, que para mí siempre será julio si eres tú el que me abriga.

Nos hemos chocado con tantas rocas en todos esos veranos juntos, que nuestro barco estaba a punto de hundirse. Pero llegó septiembre. Llegamos juntos.

Sigue viviéndome.
Sigue escribiendo esta historia conmigo.
Y tráeme de vuelta todos esos inviernos que nos dejamos por el camino.

Porque es diciembre,
sigues aquí,
y estoy preparada para salir a la tempestad
si al final del camino me estás esperando tú.

4 oct. 2017

Por qué te quiero en 65 palabras.

Te quiero porque eres casa. Porque tienes la magia necesaria como para hacerme sentir bien, aun estando a kilómetros. Porque contigo todo es paz. Aunque hayamos pasado la mitad de la historia en guerra.
Te quiero por la historia. Porque me has visto crecer, querer, quererte. Porque contigo aprendí que hay mundo más allá del primero, y que el que menos te esperas, puede ser.
Te quiero porque odias que piense en el futuro. En nuestro futuro.
Porque no te dejas querer y por eso yo te quiero por los dos.
Te quiero porque sé que lo sabes, todo, aunque no me lo digas.
Te quiero porque a pesar de todo, que no es poco, y estando en la otra punta del mundo, si pienso en con quien me gustaría despertarme mañana, la respuesta eres tú.
Te quiero a mi manera. Te quiero a mi lado, libre. Quiero que creas, que confies, que te dejes querer. Quiero que nunca dejes de enseñarme, quiero que no paremos de crecer y aprender juntos. Y te quiero porque llevamos muchos años haciéndolo.
Y te quiero también, porque sé que 65 palabras jamás serán suficientes, si las que ya llevo siguen quedándose cortas.
No lloro por no poder verte,
ni por que no saliera bien
ninguna de las mil y una veces
que apareciste en mi vida.
No lloro por haber sufrido,
o por haberlo intentado demasiado sin final feliz.
No lloro por seguir creyendo en nosotros
"a pesar de todo".
Y es que a pesar de todo, hay tiempo.
Y nunca será tarde si hay ganas.
Nunca será tarde si tú
y yo
seguimos creyendo en esto.
No lloro por haber dejado de sentir,
porque ahora solo hay paz.
No lloro por olvidarte,
porque me ha hecho abrir los ojos.
No lloro por seguir sin ti.
Porque mi vida, es vida sin ti.
Y es maravilloso darse cuenta de ello.
Pero seguimos siendo dos,
separados,
pero dos.
Seguimos haciendo historia.
Y así será mientras nosotros queramos que sea.
Y nada es imposible. Lo sabes.
Solo hacen falta ganas.
Querer de verdad. En todos los sentidos.
Porque amor no es absorber la vida del otro,
amor es compartir y complementarse,
para ser capaces de crear una nueva vida juntos,
sin que desaparezcan las nuestras propias.
Y yo siempre seré valiente cuanto tú te quieras rendir,
y seguiré creyendo cuando lo veas imposible.
Siempre tendré tiempo, para aprender a esperar(te), cuando a ti se te pare el reloj.
Y si volvieras a preguntarme lo mismo mañana,
que si eres el amor de mi vida,
te contestaría exactamente lo mismo:
Sí, mientras quieras.
Sí, si luchamos.
Sí.
Siempre sí.
Pero esa no es la pregunta.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a intentarlo?
Yo escribo para superar, para hacer recuento y revivir. Escribo para aclararme las ideas, aunque muchas veces mis letras hagan el efecto contrario. Escribo para desahogarme, para recordarte, para volver a vivirnos en la distancia. Escribo cuando estoy triste, para recordar cuando fui feliz.
Escribir forma parte de mí.
No puedes concebir una idea de mí, sin llevar a las letras de la mano. No puedes. Es imposible.
Y lo echo de menos. Echo de menos las montañas rusas, los extremos y colores. Echo de menos coger el móvil a las cuatro de la mañana desvelada, y acabar escribiendo en notas que nunca saldrán a la luz, todo lo que he aprendido hasta entonces. Todo lo que siento, que no es poco. Y todo lo que quiero que me quede por vivir.
Escribir es vida. Y leer, vivir dos veces.