25 nov. 2014

100 días sin ti.

Notas adjuntas

¿Sabes? Ni si quiera voy a seguir escribiéndote.

¿Quieres recordar lo que pasó los días siguientes a este?
Tú dejaste de escribirme,
yo dejé de quererte.
Nunca volvimos a saber el uno del otro hasta la semana pasada: 30 de junio del 2015
La semana pasada nos reencontramos, nos tomamos un café acompañado de unas galletas y mucha indiferencia, y luego nos fuimos cada uno por nuestro lado.
Como siempre,
como hasta hoy.

Supongo que me parecía interesante que supieras que este diario era para conocer todo lo que sentía en aquel entonces en el que el amor parecía de cristal y realmente importante,
pero no.
No lo es.

Y nunca lo será.

A veces, es mejor irse. No se puede forzar algo que no tiene futuro. A veces, quedarse es ir demasiado lejos.



2 de julio de 2015

100 días sin ti.

Día quince

Ya van quince días sin ti, (o quizá más, pero supongo que tardé un poco en asimilarlo),
y no es que según pasan los días mis sentimientos por ti disminuyan, no;
lo que pasa es que conforme pasan los días, me doy cuenta de todo lo que has estado jugando conmigo, con mi sonrisa, con mis lágrimas y con mi corazón. Y me doy cuenta de el pasatiempo que esto ha sido para ti.
Gracías, aunque ya sea demasiado tarde, gracias por ayudarme a ver las cosas claras.

Gracias por irte de mi vida.

Un día lloré,
pero todavía no sabía el favor que me estabas haciendo.


29 de noviembre de 2014

Odio y amor, o solo odio.

Cuando te preguntaron por tu fin de semana ,
contestaste ' ocupado y divertido'...
¿Sabes que contesté yo?
No, no lo sabes. No hubo respuesta.
Fue demasiado tedioso como para explicarlo con palabras.
Y ya no solo por el curso,
que se me está haciendo realmente largo,
sino porque tu recuerdo me consume.

Cada día es un día menos para verte,
y un día más de odio.

Odio estar lejos,
odio que no me eches de menos,
que no te afecte,
odio que no me escribas
y que te sea insignificante.

Odio confiar en ti,
soñar contigo,
leerte,
escucharte,

y que todo esto sea lo lejos,
en las sombras.

Estoy aquí ¿sabes?

Lo odio:
que no me leas,
que no me busques,
que no me veas,
que no me quieras.



23 nov. 2014

100 días sin ti.

Día catorce

Hoy vuelves a marcharte con tus letras,
de mi vida,
de mis ojos,
de mis manos,
y (no) de mi corazón.

A tus palabras, tus ganas y tu sonrisa,
se las ha llevado el viento,
y a noviembre,
que está solo,
entre el siempre y el jamás,
le ha dado por jugar con nuestra historia.

Tengo frío,
¿por qué no vienes y me abrazas,
y hacemos como que las cosas,
las buenas,
sí que son verdad?


Yo aún sigo aquí,
acostumbrándome a tus cambios,
a los míos,
y a los del cielo.

Has conseguido que casi no me afecte que te marches,
y solo quedan diez días para verte de nuevo...

Puede que el 'casi' llegue al 'del todo' justo a tiempo.

Sería una pena.
Confiaba en esto,
y aun lo hago,
pero solo en ti.

O más bien no,
no confío en ti,
confío en tu corazón:
en que gane esa lucha,
cuerpo a cuerpo,
con tu cabeza y tus putos convencionalismos,
y que por una vez,
hagas lo que quieres,
lo que sientes.

El amor.



(En todos los aspectos.)




28 de noviembre de 2014

22 nov. 2014

¿Y si los 'quizás' fueran lo único que nos queda?

Sal o azúcar,
blanco o negro,
cerca o lejos,
querer u odiar,
fuerte o débil,
seguro o inseguro,
claro u oscuro,
frío o calor,
bonito o feo,
caro o barato,
legal o ilegal,
corrupto o ... 
corrupto,
aprobado o suspenso,
aceptado o denegado,
posible o imposible.

Todo o nada.


¿Por qué todo el mundo se aferra a los extremos?
¿Por qué nadie es capaz de ver que quizá...?

A veces es bueno tener esperanza,
porque la esperanza es el punto intermedio a la vida,
y los puntos intermedios son bonitos:

como el lunar a mitad de tu espalda,
o el no saber del todo si te quiero,
o levantarnos abrazados en mitad de la cama de tus padres.

Que sí,
todavía quedan cosas por hacer que no sabes que puedes conseguir.

Cree en los 'quizá'.
Pueden salvarte la vida,
y el amor.

100 días sin ti.

Día trece

Me duelen los ojos del empeño que pongo en cerrarlos,
por que solo te veo cuando sueño,
y quiero hacerlo cada segundo del día.

Echo de menos tus besos cálidos,
tu mano protectora sobre la mía, 
tus ojos calmos absorbiendo cada segundo,
y su brillo cuando me decían que me querías,
tu sonrisa tranquila e inocente,
tus abrazos,
que dan la vida,
y ganas,
y fuerza...

Todo de ti.

Porque estás, a 360km, 
estás ausente,
estás perdido,
y te has rendido.

No lo hagas.
Aún quedan cosas bonitas.


Aún quedas tú.



27 de noviembre de 2014

21 nov. 2014

'Pauesía.'

Dejo escrito,
hasta que la lluvia lo emborrone,
que te quiero 
y que lo haré para siempre,
como hasta hoy.

20 nov. 2014

100 días sin ti.

Día doce

Doce días llevo sin ti,  
y doce días quedan para verte.

No puedo saber si saldrá bien,
no quiero mirarte a los ojos y autodestruirme,
ni deslumbrarme con tu sonrisa mientras te escucho decir cosas que,
sinceramente,
nunca entiendo;
porque solo me centro en el sonido de tu voz.

Ojalá tu voz me acompañara a la cama,
y formara parte de mis sueños,
y de mi vida.

Ojalá tu voz me acariciara la espalda,
me susurrara 'te quiero',
y paseara por mi cuerpo,
como lo hace por ti: de la cabeza, al cuello,
y del cuello, a tu boca.

Ojalá.

Por pedir, que no quede ¿no?
Que no se vive de sueños, pero todos esperamos que el amor nos salve algún día,

y soñar contigo también es una forma de amar.

Aunque duela.



26 de noviembre de 2014

19 nov. 2014

100 días sin ti.

Día once

Solo quedan dos semanas para volver a verte,
verte y tocarte,
abrazarte y (quizás) besarte,
hablar, perdonar,
prometer y cumplir.

Solo quedan dos semanas para tú,
(ti, te),
conmigo.




25 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día diez

Deja de llamarme (solo por un rato),
deja de hacer como que no te duele estar lejos,
deja de buscar ser siempre tan perfecto,
de querer estar por encima del resto,
de aparentar que no tienes sentimientos.

Nadie es perfecto,Raúl;
y ser imperfecto no conlleva ser malo,
ni perder a alguien a quien quieres,
ni sufrir de más,
así que...
sé tú mismo: es la parte que más me gusta de ti,
la real.

Quizá entonces esto pueda ser lo que de verdad es.



24 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día nueve

¿Sabes?

Hoy he sido realmente feliz...

Me ha encantado estar tumbada en la cama contigo,
de esta forma, hasta los peores moteles merecen la pena.
Me ha encantado no tener nada de que contar y no callar,
viendo la vida y las horas pasar,
sintiendo tu mano
arriba y abajo por el cañón de mi espalda,
sintiendo tus ojos 
viéndome dormir,
y tu sonrisa al escucharme hablar.

Me ha encantado creer que esto ;
y pensar que al salir el sol,
todo podía ser posible;
porque cuando estoy contigo,
me invaden la esperanza y las ganas,
y me devuelves la fuerza necesaria para amarte.

Por favor,
no vuelvas a quitármela.

¿Sabes?

Hoy he sido realmente feliz...


Hoy he soñado contigo.



23 de noviembre de 2014

17 nov. 2014

100 días sin ti.

Día ocho

Cuando te fuiste te llevaste contigo mi cordura,
y mi corazón,
y me dejaste sola con las ruinas de un muro que tú habías derribado.

Voy a darme una oportunidad.
Comenzaré a reconstruirme.

Ya va haciendo frío como para vivir al raso: al aire y sin ti.



22 de noviembre de 2014


100 días sin ti.

Día siete


Hoy me has dicho que te vas,
que no estarás cuando al fin pueda pisar una de las ciudades más bonitas del mundo;
que lo que iban a ser dieciséis días, pasarán a ser diez meses.

Y es que nuestra historia está en guerra y tu huyes como un cobarde,
en vez de quedarte y luchar.

Ya no duele, ¿sabes?
Ya no siento nada...


Y no sé que es peor.




21 de noviembre de 2014

16 nov. 2014

100 días sin ti.

Día seis

Supondré que no sabes que he tirado la cuenta atrás para verte a la basura,
y que he borrado todas tus fotos,
que tengo tu conversación archivada,
y tu nombre como 'No contestar'...


pero es inevitable.

Hoy me has hablado y a pesar de todo,
he vuelto a responder.

Suelta las cuerdas de la marioneta que es mi corazón para ti.
Déjame marchar,
o quédate.


Pero decidas lo que decidas,
que sea para siempre.



20 de noviembre de 2014

100 días sin ti.



Día cinco
'Me consumes como el fuego a una vela,
como si fuese un cigarrillo entre tus labios.
Y es irónico,
porque aquí la droga siempre has sido tú'.


Hoy me he levantado y he pensado en ti.
Como cada día desde que te fuiste.
Hoy me levantado al ritmo de Zenet

y he ido directa a esa cuenta atrás, que nunca debí hacer,
para quitar otro número más.

Ya son diecisiete...

Como las lágrimas que me has hecho perder,
como las veces que me dijiste 'te quiero',
como los segundos que tardaste en decirme 'adiós'.


Me estoy muriendo aquí sin ti.

Ven.

No me dejes destruirme sola.







19 de noviembre de 2014

15 nov. 2014

100 días sin ti.

Día cuatro

He vuelto a ver vuestras fotos por duodécima vez en la misma semana.
Me han entrado ganas de llorar, (al menos solo siguen siendo ganas).
Supongo que nunca seré lo que ella ha sido...,
lo que ella es para ti.
Y lo sé porque tu nunca serás lo que fue él...
(Pero yo si tengo ganas de intentarlo).


18 de noviembre de 2014



Y seguiría haciéndolo.

Te elegí aun cuando no estaba segura de lo que sentía y ahora te vuelvo a elegir.

A pesar de todo.

100 días sin ti.

Día tres

Quiero creer que cada día pienso un poco menos en ti.
Hace tres días que te fuiste y quedan dieciocho para volverte a ver.
Ni siquiera sé si eso tiene mucho sentido, pero supongo que esto nunca lo tuvo;
y eso era lo bonito.





17 de noviembre de 2014


100 días sin ti.

Día dos

Alguien dijo alguna vez que lo importante no era el móvil, sino la persona que estaba al otro lado de la pantalla.

Tenía razón.

Aunque cada vez que mi móvil vibra se me sale el corazón, pensando que quizá seas tú;
ya no me importa.
Es un objeto inerte sin más.
Ya no se me quiebra la voz cada vez que te leo...

porque no estás.





16 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día uno

Siempre discutíamos, ¿recuerdas?, por cualquier tontería; 

pero eran esas discusiones que ocurrían y pensabas '¡Dios, cuánto le quiero!'
Esta vez fue diferente: la primera palabra ya olía a despedida.

Y aquí estoy, escribiéndote. Mi corazón me recomendó que lo hiciera cuando leyó tu último 'adiós'.


No lo leas nunca.



Aún tengo la esperanza de que esta noche me hables y hagamos como si nada,

como siempre.


Vuelve.





15 de noviembre de 2014

14 nov. 2014

Escribir sobre la vida no es vivir.

Una vez alguien me preguntó si sabía qué era la vida.

La vida es estar cansada de que siempre seas tú el tema central de mis historias,
pero aun así seguir escribiendo tu nombre, en letras abstractas, en los márgenes de mi cuaderno.

Vida es llorar sola, llorar por amor, llorar a la injusticia y a las cosas bonitas;
pero poder recibir a cambio un abrazo de alguien a quien realmente quieres.

Vida son problemas,
problemas fáciles y verdaderamente complicados.
Vida son caídas, y unas muy tediosas recuperaciones.

Vida es saber buscar siempre algo bueno, en los malos momentos.

Vida es irte de viaje sin nada y contigo.
Y disfrutar, porque la persona con la que te gustaría compartir ese momento esta ahí,
a tu lado,
quitándote la necesidad de compartirlo en redes sociales en las que solo predomina la búsqueda de atención.

Vida son tus ojos, tu boca, tus manos, tu voz.

Vida es esto: esa incontrolable necesidad de escribir sobre ti.
Porque vida, eres tú.



La lluvia

Me gusta que llueva cuando estoy triste,
porque parece que el mundo comprende mi dolor.
Me gusta salir a la calle cuando llueve,
porque las gotas se esfuerzan en maquillarme las lágrimas.
A veces me pongo las botas de agua en los días grises para sentirme segura,
a pesar de las lágrimas de lluvia y la lluvia de dolor...
como diciendo 'hoy puedo con todo', aunque no sea verdad.

La verdad es, que me gustaría no estar triste porque las personas tristes siempre acaban cansando.
La verdad es, que es triste que solo un folio en blanco pueda ser mi confidente en estos días de lluvia, de cielo y corazón.

Quizá mañana salga el sol;
siempre sale el sol.





Deja de llorar, cielo.
Deja de llover, corazón.



Historia de un autobús.

Autobús 51,
última parada: Sol.

Cada día el mismo sitio.
A la misma hora.
Cada día cien miradas.
Dos sonrisas.
Cada día la duda.
Cada día un nombre distinto,
y siempre los mismos ojos.

Ven, hazlo. Pídemelo.
Pídeme el número,
o la vida.
Pídeme lo que quieras,
aunque solo sea otro viaje en autobús.

Última parada: tú.

Dudas

Siempre pienso en qué pondría en aquella carta que nunca llegó,
pienso en qué sentías cuando decías que me querías y cuando me animabas a un 'nosotros'.
Y después, justo después, pienso qué sentías cuando me decías que te daba exactamente igual que me fuera y me echabas de tu vida sin siquiera pestañear.

¿No te dolía, verdad?
Tranquilo, yo sufrí por los dos.

En momentos como este, en el que mi boli, mi boca y yo te volvemos a extrañar y ya no estás,
me entran las dudas...

Quizá todo fuera mentira.

¿Lo era?

Peros que matan.

Qué paradójico es todo esto...
Tú ya no estás y yo sigo escribiendo nuestra historia.

Aún miro el móvil al despertarme,
por si me has enviado un mensaje diciéndome que esta vez sí,
que me quieres de verdad,
que en estos días grises, tu amor dejó de ser mentira.

Pero no.

Café.

Cada mañana lo mismo:
un café cargado,
con leche y sin ti.



Microcuento.

Ya es tarde.


13 nov. 2014

Reflexiones de un jueves noche.

Esto es amor: vivir a destiempo. Reconocer que hubo una oportunidad. Hubo. Un beso por dar, un abrazo a medias y mucho amor de boquilla.



Tú, en pasado.

A veces salgo a la calle y camino, y mi mano se cierra hacia adentro como si se pudiese aferrar a un nosotros, a un posible futuro, y supongo que esto pasa porque aún no te has ido. 
Quiero decir, tú te fuiste, y hace mucho además, dejando más cicatrices de las que ya tenía, pero hasta que eso no sane no podré borrar tus recuerdos: ni tus manos en las mías, ni tus besos furtivos, ni tus ojos café.

Si me miran a los ojos te ven, aunque no sepan a quién están viendo;
ven ojos tristes, brillantes y perdidos: dolor, amor, pasado... tú.
Más de una persona me lo ha dicho: "Pilar estás ausente, como en el aire ¿qué te pasa? ¿Es amor...?"
Y yo pienso "¿Amor?¿Esto es amor? Si es esto entonces no lo quiero. Me duele tanto que podría morirme aquí mismo."

En el momento en el que llegas al precipicio de una historia tienes dos opciones: arriesgarte y continuar insistiendo en algo que quizá ya no tenga futuro, o irte para siempre y olvidar.
Ambas son difíciles, tanto a la hora de decidir como a la hora de realizarlas.

Las decisiones más complicadas siempre son las más importantes en la historia de una persona.

Tú decidiste echarme de tu vida con una facilidad insuperable, así, sin más. Como si nunca te hubiera importado absolutamente nada de esta historia.
Yo, en cambio, supe quedarme por si decidías volver. Y aguantas. Y quieres. No es tan complicado, lo prometo.

Deseaba con todo mi corazón que en esa agonía de perfección de vida que buscabas, me echases de menos y no pudieras decirlo en alto, pero mientras tanto... mientras pensaba eso... yo seguía limpiando el polvo al altar que te había creado en mí. Dentro. Muy dentro. Justo en el centro del corazón.





A 360 km.


Distancia. Deseo.
La echa de menos.
Discusión.

Pasa un mes, otro, otro más.

Distancia. Amor. Celos.
Discusión.

Todavía no son nada.

Distancia y una pantalla.
Distancia y tiempo perdido
Discusión.

Te quiero, ¿lo sabes?


Discusión.


Estoy mal, muy mal; y lo pago con ella.
Muy, muy mal.
Lo siento.

Discusión.


Pasan los días: uno, dos, veinte...
Hoy viene a Madrid.

Un paso, dos. ¡Qué guapa está!
Tres, cuatro. Me mira y no sonríe.
Triste peligro.

¿Estás contento?, me dice.
Sus ojos rojos me encogen el corazón.
Ya estoy aquí.
Y me voy.

¡Laura, espera!, grito.
La pierdo.
No, por Dios..., no.
Por favor.
No.

¡Plás! Bofetón.
¡Suéltame! No quiero verte más.
Lo siento.

Y se va.

Pasan los meses: uno, dos, cinco...
¿La llamo?

Pasan los meses: ocho, diez...
La llamé.

- Hola
- ¿Qué quieres?
- Lo siento...
- Es tarde.
- Venga, Laura...- suplico – Perdóname
- No. Me hundiste.
- Lo sé. Cada día me atormento por ello.
- Te quise, Raúl. Mucho.
- En pasado...
- Sí, en pasado.

Y colgó.
Se acabó.


Me quiso.
Te quiero.


Suerte.

Nunca nada.

No soy muy guapa, ni lista;
aunque me gusta leer y me encantan los espejos.
Son las dos cosas que mejor reflejan la verdad.

No me gusta bailar, beber, ni fumar para divertirme.
Mi mejor momento es este: un boli, un folio en blanco y tú.

No.
Tampoco soy segura.
Aún me tapo la boca al sonreír y me maquillo antes de salir a la calle.

No. No confío en el amor.
Cuando no lo tienes todo es oscuro y frío, pero cuando sí...
cuando sí, parece que jamás ha existido nada verdaderamente malo.
No es justo. No.

Nunca podré dejar de entregarme totalmente a las personas.
Aunque siempre se vayan.
Siempre.

Y no.
No quiero quedarme en casa y llorar.
No quiero pasar la vida lamentando mi dolor.
No quiero parecer la persona triste que realmente soy.
No quiero parecer débil.

No me lo permito.

Me levantaré,
seguiré maquillando mis miedos y mi inseguridad,
y lo haré rutina;
hasta que ser fuerte ya no sea un problema.

No espero que sea fácil, pero voy a intentarlo...

O no.

Palabras.

Tensión.
Tensión en el aire,
tensión en ti, en mi, en nosotros.

Nosotros.
Nosotros que fuimos, que (quizá) somos.
¿Nosotros qué seremos?

Seremos.
Seremos todo, o nada.
Seremos un tú, un yo y un fue.
Seremos pasado.

Pasado.
Pasado el tiempo, pasadas las sonrisas,
pasado el amor.

Amor.
Amor por darte, que darte.

Que-darte.
Qué-da-te.

Quédate, aquí.
Quédate, conmigo.
Quédate, paciente.

Paciente porque sí, porque será estresante, indignante,
pero a veces, será asombrosamente mágico.

Magia.
Magia tus ojos, tu risa, tu tú.


Ven.

Pauesía.

Antes tenía un diario, luego apareciste tú.

Esta es la historia de como tú, Pauesía, invadiste la ciudad. Y mi vida. Porque sí. Porque ver tu sonrisa por las mañanas en clase, ya me daba fuerzas para superar algo que desde el primer día, parecía complicado. Porque aquel abrazo que me diste en la convivencia del pasado verano, por encontrar tu cuaderno de relatos perdido, para mí fue de verdad. Porque los días son más largos si no tengo tus letras. Si no te tengo a ti.

¿Sabes? Esta es una carta de amor. Una carta de amor de un chico extraviado, de un chico roto, de un poeta. Una carta de amor escrita con sangre, y no metafóricamente: desde que te conocí, los cuchillos no solo pasan por mi cocina. No sé qué me pasa. Sálvame. Ven. Quiéreme. Escribe. Déjame leerte como hacías antes, cuando me mirabas. Déjame creer que esto es real. Todavía. Déjame creer que no fue un sueño.
Te quiero, no del verbo querer. Te quiero del verbo olvidar. Porque sí. Porque ver tu sonrisa por las mañanas, también me destruía. Y así estoy. En ruinas... No sé qué me pasa. Sálvame. Ven. Junta mis pedazos. Creemos nuestra ciudad.

Sea cual sea la decisión que tomes, nunca dejes de escribir. ¿Que por qué? Porque un día me enamoré de tus letras. Porque me encantaba escucharte leer tus poemas de amores inconcretos en clase de lengua, y también en todos esos bares de Madrid, cáda sábado, a la misma hora durante un año. Porque me hacen saber de tí todo lo que no puedes contarme. Lo que no quieres contarme, porque no me conoces.

Me llamo Iván. Y estoy enamorado de ti.


PD: Si quieres saber quien soy, solo mira hacia atrás. Me refiero a la vida. Rebobina tan solo un par de años y allí estaré. ¿Te acuerdas? Te conocí en el Retiro. Y después coincidimos en el mismo instituto. Compartimos momentos en los que yo era sombra; pero era. Y un día, cuando viniste a preguntarme, con tu eterna sonrisa, si sabía como llegar hasta Sol, no supe contestarte. Para mí, el Sol, estaba delante.

Tengo un secreto.

Tercero de ESO. Primer día de clase. Celia y María esperan a que sus amigos lleguen a la que será su futura clase. Raúl y Carlos entran y van directos a sus sitios. Los cuatro juntos. Suena el timbre. Tres minutos más tarde aparece una chica por la puerta. Se sonroja. Es la última. El profesor la presenta al resto y se sienta justo al lado de los chicos. Se llama Carlota.
Detrás del edificio, comparten pared y una bolsa de Lays, cada día durante el recreo. Los cinco se hacen muy amigos, inseparables.
Pasan los años. Llega el verano. En septiembre empezarán Bachillern y Celia se va. A Barcelona. Sus padres se han separado y él se siente muy solo allí. No volverá.
Tiene miedo de que la olviden. Siempre pasa. ¿Se acostumbraran a un futuro sin ella?
El día de antes le hacen una fiesta de despedida en su bar de siempre.
Cuatro de la mañana. Hora de volver. María y Raúl acompañan a Celia hasta su casa. Es la última vez que volverán a verse y Celia tiene un secreto. Tiene que hacerlo. Es su última oportunidad. Última mirada hacia atrás. Deja la puerta de su casa entreabierta y corre hacia ellos. Unos labios se juntan. Un amor escondido, sacado a la luz. Dos años de espera. De intriga. De secreto. Es un beso corto, pero intenso. No quiere forzarlo más. Y así, tras cumplir su sueño, se va. Para siempre. Dejando allí a Raúl y a su amor ya no tan secreto, María.  

Encuentros fortuitos.

Sábado noche. Vestido, tacones y maquillaje. Prisas. Llega tarde. Metro. Una, dos, tres. Su parada, Sol. Baja corriendo. Suena “Si te vas” de Extremoduro. Su canción favorita. Busca. Sus ojos se encuentran. Corazones alterados. Sonrisas cómplices de sentimientos prohibidos.
Días más tarde se vuelven a encontrar. Sol. Él mete la Fender en su funda. Se sonríen, se presentan. Muchas coincidencias. Dos besos. Sus nombres. Y así, sin más, se van. Starbucks de Callao. Horas. Risas. Frapuccinos. Historias. Más risas. Y al llegar la tarde, sus números.
Un mensaje. Otro. Otro. Y otro más.

Días más tarde coinciden otra vez. Otra canción. Otra parada. Comen juntos. ¿Me estará siguiendo? No lo creo. Pero ¿Y sí…? Dudas. Risas. Es irresistible. Sus ojos verdes le llevan al mismísimo cielo. Él se levanta. Sabe que tiene novio. No se rinde. Se acerca a la chica. “Me he enamorado de ti”. Y besándola en la frente, se va.