13 nov. 2014

Encuentros fortuitos.

Sábado noche. Vestido, tacones y maquillaje. Prisas. Llega tarde. Metro. Una, dos, tres. Su parada, Sol. Baja corriendo. Suena “Si te vas” de Extremoduro. Su canción favorita. Busca. Sus ojos se encuentran. Corazones alterados. Sonrisas cómplices de sentimientos prohibidos.
Días más tarde se vuelven a encontrar. Sol. Él mete la Fender en su funda. Se sonríen, se presentan. Muchas coincidencias. Dos besos. Sus nombres. Y así, sin más, se van. Starbucks de Callao. Horas. Risas. Frapuccinos. Historias. Más risas. Y al llegar la tarde, sus números.
Un mensaje. Otro. Otro. Y otro más.

Días más tarde coinciden otra vez. Otra canción. Otra parada. Comen juntos. ¿Me estará siguiendo? No lo creo. Pero ¿Y sí…? Dudas. Risas. Es irresistible. Sus ojos verdes le llevan al mismísimo cielo. Él se levanta. Sabe que tiene novio. No se rinde. Se acerca a la chica. “Me he enamorado de ti”. Y besándola en la frente, se va.

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