13 nov. 2014

Pauesía.

Antes tenía un diario, luego apareciste tú.

Esta es la historia de como tú, Pauesía, invadiste la ciudad. Y mi vida. Porque sí. Porque ver tu sonrisa por las mañanas en clase, ya me daba fuerzas para superar algo que desde el primer día, parecía complicado. Porque aquel abrazo que me diste en la convivencia del pasado verano, por encontrar tu cuaderno de relatos perdido, para mí fue de verdad. Porque los días son más largos si no tengo tus letras. Si no te tengo a ti.

¿Sabes? Esta es una carta de amor. Una carta de amor de un chico extraviado, de un chico roto, de un poeta. Una carta de amor escrita con sangre, y no metafóricamente: desde que te conocí, los cuchillos no solo pasan por mi cocina. No sé qué me pasa. Sálvame. Ven. Quiéreme. Escribe. Déjame leerte como hacías antes, cuando me mirabas. Déjame creer que esto es real. Todavía. Déjame creer que no fue un sueño.
Te quiero, no del verbo querer. Te quiero del verbo olvidar. Porque sí. Porque ver tu sonrisa por las mañanas, también me destruía. Y así estoy. En ruinas... No sé qué me pasa. Sálvame. Ven. Junta mis pedazos. Creemos nuestra ciudad.

Sea cual sea la decisión que tomes, nunca dejes de escribir. ¿Que por qué? Porque un día me enamoré de tus letras. Porque me encantaba escucharte leer tus poemas de amores inconcretos en clase de lengua, y también en todos esos bares de Madrid, cáda sábado, a la misma hora durante un año. Porque me hacen saber de tí todo lo que no puedes contarme. Lo que no quieres contarme, porque no me conoces.

Me llamo Iván. Y estoy enamorado de ti.


PD: Si quieres saber quien soy, solo mira hacia atrás. Me refiero a la vida. Rebobina tan solo un par de años y allí estaré. ¿Te acuerdas? Te conocí en el Retiro. Y después coincidimos en el mismo instituto. Compartimos momentos en los que yo era sombra; pero era. Y un día, cuando viniste a preguntarme, con tu eterna sonrisa, si sabía como llegar hasta Sol, no supe contestarte. Para mí, el Sol, estaba delante.

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