16 ene. 2015

Alguien dijo alguna vez que el que sabe donde va, siempre llega... pero ¿y si ya estás donde querías estar? o,
¿y si no has cumplido aún tu sueño, pero has encontrado a alguien con quién compartirlo?
¿En ese caso qué hacemos: ir a por nuestra meta arriesgándonos a alejarnos de lo que tenemos ahora, o amoldarnos y renunciar a un sueño, para poder vivir algo que puede ser algo aún mejor?

No sé si me entendéis, pero yo lo único que puedo deciros es que le quiero.
Porque aunque a veces nos guste estar solos, pensar y tomarnos nuestro tiempo para... ¡yo que sé!, leer, escuchar música,hacer deporte, salir con nuestros amigos...; merece la pena intentar compartir la vida con otra persona, más de cerca, más queriendo.

¿Y sabéis qué más sé?

Que todo en la vida, (menos la vida en sí),
puede ser para siempre.
Y que lo único que se necesita son ganas, porque si yo quiero ser periodista, siempre voy a ser periodista;
porque aunque deje de hablar con una amiga por la distancia o el paso del tiempo, siempre será mi amiga; 
y porque aunque hayas querido, (en pasado), siempre se puede volver a querer. 

Hay seis mil millones de personas más en el mundo, y en algún momento de tu vida, encontrarás a otra persona que también crea en que algo puede ser eterno; así que corre, equivócate, ama, llora, odia, baila, ríe, sal, llévale la contraria al mundo, a la vida, e incluso a ti mismo, pero sobretodo nunca pierdas las ganas de seguir haciendo esto durante el resto de tu vida.

Y si tienes miedo a querer a una persona porque "ya has sufrido demasiado", deja de creer que si acaba una relación, acaban todas; 
y empieza a pensar que todos los 'te quiero' dichos tiempo atrás, solo han sido una manera de hacer más ciertos los que se dicen ahora.

Amoldáos y vivid vuestro sueño.
No renunciéis a nada. Nunca. 
Quien te quiera de verdad, te acompañará siempre. 
No lo olvides.

Está en nuestra mano ser felices,
está en nuestra mano hacer que los para siempre no sean solo palabras,
y dejar de tener miedo.

Hay que conseguir amar de tal manera, que irte dejándolo todo, solo sea una decisión difícil, pero no un lastre, ni un problema, ni algo que echar en cara después. 
Arriésgate. 
Si sale bien, podrás vivir sabiendo que hiciste lo correcto; si sale mal, no te arrepientas. 
Aprende. 

Abre el libro, pasa las páginas, elige una y cerciórate de que no te lo vas a aprender a la primera, que tendrás que repetirlo varias veces.

Y lo mismo con la vida.


Porque hay decisiones que merece la pena tomar.

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