12 feb. 2015

Mi casi-promesa favorita son tus ojos.



¿Sabes? Ya no me imagino una vida sin ti, y no sé si eso es bueno o malo.

Supongo que un poco malo cuando me acaba de llegar la noticia de que estoy admitida en una universidad a 360 kilómetros de ti. Un poco malo también, cuando la posibilidad de perderte para siempre se hace poquito a poco más real. 
Pero bueno, podemos decir para contrarrestar, que es mi sueño, que al fin voy a poder estudiar lo que siempre quise en una de las mejores universidades de España, que voy a vivir en la capital... pero no, sigue sin ser bueno si es sin ti.

Antes de esto, cuando todo era solo un simple proyecto, nos veía posibles ¿sabes?, pero ahora me abruman las dudas, los 'y si...', los 'ojalá'.

Yo sí, yo creo en nosotros y creo en ti. Creo en un futuro, en una vida contigo, en nuestra casa, nuestro gato y en las ganas que siempre tuvimos de vivir eso, un poco más calmadas por poder vivirlo al fin.

¿Y tú? ¿Crees?

Sé que cambiaremos el mundo, y no me refiero a que el mundo nos vaya a recordar, me refiero a nuestro mundo, a esto, a la vida (porque la vida son muchas cosas); me refiero a que marcarás un antes y un después, a que si te vas la vida perderá un poco de sentido, a que mi corazón estaría solo ya por la mitad, a que los ojos perderían ese brillo que tanto te gusta, y la sonrisa... no hablemos de la sonrisa. No tendría solución. Sería la decadencia de un todo, y su teoría hecha añicos. Sería otra vez lo mismo, otra vez dolor.

Pero que si por el contrario, te quedas para siempre, seguirías siendo cada día del resto de nuestra vida, un motivo más, una razón, un 'gracias', nunca rutina, nunca lo mismo. El último paso para recobrar la cordura y la fe en el amor y los ojalás, (que viene a ser lo mismo).
Aún somos jóvenes, sí. Me lo dicen cada día: Pilar, no te aferres, no confíes, vendrán más.

¿Por qué?¿Por qué no confías?

Tenemos que cometer tantos errores, que perderemos la cuenta. Y cumplir todos los planes de la lista de ojalás: ir a Salou, a París, tener un gato, un perro, un piso, un corazón... Tendremos que aprender a pedir perdón y a tragarnos el orgullo. Y tenemos que vivir nuestra vida, cariño. La que siempre quisimos, la que desde el primer día parecía posible. Y no digo que vaya a ser fácil, pero será una vida que merezca que las cosas nos salgan mal de vez en cuando, una vida que merezca la pena vivir.

Quiero que esto: tú, seas para siempre, y que ese para siempre sea uno de esos de ahora, de los de unos cuantos meses;
y que cuando caduque lo podamos renovar. Y si alguna vez se nos olvida, volveremos. Vendremos hasta aquí: nuestra ciudad, nuestra casa, nuestra cama, el principio; veremos el por qué de todo eso: de la vida; y entonces, solo entonces, nos daremos cuenta de que vida es poco si es contigo. De que el resto de nuestra vida, no es nada comparado con un 'sí, te amo, igual que el primer día', y de que un día mereció la pena jurar a tientas que lucharíamos por esto, porque justo en ese momento, sabíamos que ya sí, lo habíamos conseguido.

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