3 may. 2015

Te quiero.

Cinco meses y tres días.

Hace ya bastante tiempo desde que te vi salir al recreo, con tu sonrisa y esos ojos medio verdes que me encantan,
que me guardaba en secreto que me gustabas de una forma diferente, 
que veía necesario guardármelo para mí, para hacerlo más especial y además porque nunca creí que pudiera pasar algo entre nosotros. 
Hace algún tiempo desde que coincidimos en la biblioteca, me seguiste en Instagram y yo al cabo de unas horas, que por lo que sé se te hicieron eternas, decidí seguirte y pedirte unas clases de guitarra que nunca recibí, pero que me cambiaste por algo mucho mejor: nuestra historia.

Hoy he visto Titanic, ¿sabes? Y con esta película, igual que con muchas otras o noticias más reales que acaban de la misma manera, me he vuelto a dar cuenta de que, lamentablemente, la vida sin ti ya no tendría sentido.
Y digo lamentablemente, porque ya pensé esto antes, años atrás, y luego sufrí muchísimo. Y a pesar de eso, no aprendí.
O quizás sí, quizás significa algo ¿no?
Que si solo contigo me he atrevido a volver a amar, a enamorarme, a dejarme la piel de nuevo... Es porque confío en esto y en ti. Es porque el futuro, aunque esté lejos, planeado a tu lado parece más fácil de llevar.

Mira... Me canso de tanta escritura formal:
Te quiero. 
Te amo.
Y jamás dejaré de hacerlo.
Pase lo que pase, venga quien venga, y se descubra lo que se descubra; jamás dejaré de sentir esto por ti.

Por favor, perdóname, pero estoy jodidamente enamorada de ti. 





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