1 dic. 2015

Atrévete.

Siempre me he considerado una persona muy distinta al resto, simplemente porque no me gusta conformarme con lo que la sociedad me ofrece, sino que prefiero la aventura, los viajes inesperados, los contratiempos, amar hasta el extremo y, en definitiva, hacer lo que realmente quiero y no lo que los demás quieren que haga. Y aunque no deberían existir diferencias por cosas como esta, yo estoy orgullosa de no conformarme con esa forma de vivir vacía y simplista que nos imponen como la única correcta.


- ¿Dónde estás? - le escribí. 
- Llegando a tu portal.

Bajé corriendo las escaleras y ahí estaba.
Ángel, con su metro ochenta y sus ojos verdes, tal y como me lo imaginaba. 

- ¡Hola! - le dije mientras iba corriendo a abrazarle - ¡Qué ganas tenía de verte!
- Y yo a ti, pequeña. - Me dijo sonriendo. 
Mi cara de imbécil era extremadamente notable.
- Bueno, ¿y ahora qué?

Eso digo yo... ¿Y ahora qué?

Normalmente, la gente no cree en las relaciones a distancia. No en las de toda la vida en las que uno de los dos tiene que irse lejos por trabajo, que tampoco, sino en las modernas en las que ambos se conocen por internet. ¿Por qué? ¿Convencionalismos o falta de confianza? El caso es... ¿Y qué pasa si te da por intentarlo?

- ¿Sabes? - me dijo Ángel mientras deshacía su maleta - Llevaba mucho tiempo pensando en esto. En como sería y como me sentiría.
- ¿Y cómo te sientes?
- Tengo miedo.
- ¿Por qué? - dije mientras me sentaba en mi cama - ¿De mi?
- No, idiota. - me respondió sonriendo - De esto. De lo que va a pasar ahora.
- ¿Qué es lo que quieres que pase?
- No lo sé. Lo que si sé es que no quiero dejar de sentirme así, como ahora cuando estoy contigo. Tengo miedo, sí, pero eso es porque al fin hay algo que no quiero perder.

Ángel y yo comenzamos a hablar un día hace más de un año. Al principio las conversaciones se basaban en preguntas banales, pero poco a poco fuimos abriéndonos un poco mas al otro.
Algo nos llamaba a hacerlo. 
Pasamos dos semanas hablando a todas horas: Whatsapp, Skype, llamadas... Y a la tercera semana ahí estaba él, en mi casa.
Había hecho un viaje de 360 kilómetros para pasar un día y medio con una persona a la que no conocía. ¿Y yo? Bueno, yo le abrí la puerta de mi casa.
Definitivamente se nos había ido a la cabeza.

- ¿Quieres ir a dar una vuelta o prefieres esperar a mañana?
- Ya está anocheciendo, ¿lo cambiamos por manta y peli?
- Hecho. Te dejo elegir.
- Oh, dios. ¿De verdad tienes 'Titanic' en DVD? ¡Es mi película favorita! Hay una frase que me encanta que dice ' Si tu caes...
- Yo caigo...' - reí - Lo sé, también es la mía. 

Al cabo de un rato le miré y estaba dormido. 
- Pobre...- pensé sonriendo -  Con la paliza de viaje que había hecho...

- Eh - susurré - Vamos a la cama anda.

Una vez allí, dadas las  buenas noches y apagadas las luces, tras media hora de dar vueltas en la cama probé suerte...

- Ángel...
- Dime
- No puedo dormir
- Yo tampoco - suspiró - Ven conmigo.

Bajé de mi cama a la suya y me acomodé en su abrazo. 
No había lugar mejor que ese. 
Me di la vuelta, mirando hacia él y tras retirarme el pelo de la cara con cariño me beso en la frente. 
Y no sé si el tenía las mismas ganas que yo de eso, pero entonces, le besé. Fue un beso cálido, suave, y corto, porque me retiré rápidamente para disculparme; pero entonces me agarró del cuello y me devolvió el beso. Más rápido. más caliente.
Eso fue a más y más y acabamos sin ropa, tocándonos, sintiéndonos, saboreando cada centímetro... Sintiendo cada segundo.

A la mañana siguiente cuando me desperté desnuda a su lado, por un solo momento pensé en las consecuencias de aquello, después se me olvido y simplemente empecé a besarle hasta que se despertó.

- Buenos días - me dijo sonriendo 
- Buenos días - respondí - Necesito una ducha. Ahora vuelvo.
- Aquí te espero. - dijo mientras volvía a meterse entre las sabanas.

¿Debo pensar que siente algo por mi solo porque haya hecho este viaje? ¿Se puede sentir algo en realidad por alguien a quien no conoces? ¿Y si solo quiere sexo? Dios... Mi cabeza es un desastre
De camino al baño cogí un folio y un boli y comencé a escribir:

Ángel,

te escribo esto escondida en la ducha porque realmente no tengo suficiente coraje como para decírtelo a la cara.
No sé si se puede enamorarse de una persona a la que no conoces. Yo no estoy enamorada, pero siento algo. Incluso antes de lo de anoche. Me atrevería a decir que incluso antes de la primera palabra ya sabía que alguien iba a aparecer en mi vida para ponerlo todo patas arriba.
Me has revuelto las ideas, pero quiero darte las gracias por ello. Por hacerlo todo más fácil, por enseñarme que lanzarse de cabeza no es siempre peligroso.
Espero verte pronto.

Desayunamos en un bar perdido por la ciudad y recorrimos todo el centro hablando de todo y de nada a la vez. Compartiendo sueños, metas, historias... Pero en algún momento se tenia que ir.

- Bueno... Llegó la hora.- Me dijo abrazándome.
- Pensaba que iba a costarme menos la despedida.
- ¿Volveremos a vernos?
- Eso espero...
- Yo también.

Nos quedamos mirándonos sin decir nada, durante unos segundos interminables, me retiró el pelo de la cara y después me besó.

- No me olvides, Laura.
- No lo haré.

Y bueno... Eso es lo que quería contaros: mi sueño.
¿Que qué?
Si si, mi sueño. 
Esto no ha pasado, pero ¿a qué era bonito? ¿por un momento no os han entrado ganas de ir a por ello, a por todo eso que tenéis pendiente de hacer porque os da miedo?

Pues simplemente, atrévete.
Disfruta.
Vive.

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