2 dic. 2015

Línea nueve.

Línea 9. Príncipe de Vergara.
Consigo llegar a tiempo al último tren,
y ahí está, el chico que he visto antes en la Plaza Mayor.
Rubio, ojos verdes, metro ochenta.
Me siento en frente.

El tren está prácticamente vacío.
Lleva la música a todo volumen.
Suena 'Don´t stop believing'.
Punto a favor.

Sonrío,
me mira,
y llego a mi parada.

- ¡Perdona! -  escucho. Es él.
- Se te ha caído esto. - dice dándome la bufanda.
Sonrío y le doy las gracias.
- ¿Sabes? Esta no es mi parada. He bajado solo para dártela.
- ¿Y vives muy lejos? Podría acompañarte y devolverte el favor.
- No hace falta, sé andar solo - y se ríe.

Capullo...

- Es broma, tonta. Me encantaría.

Estás entrando en terreno peligroso, Laura
y sin frenos.

- Mi nombre es Ángel - me dice abriéndome la puerta de salida.
- Encantada - sonrío - Yo soy Laura.

Llegamos.

- ¿Quieres subir?

Mmm... Bien directo.

- No, gracias.

Me coge del brazo,
me acerca a él,
y cuando me doy cuenta nos estamos besando en su portal.

- O quizás si - pienso.

Madre mía, Laura. No tienes remedio.

Después, un ascensor de besos contra la pared y de manos desenfrenadas.
Un pasillo demasiado largo de botones desabrochados.
Una puerta contra la que me sigue besando mientras busca la llave,
sin separarse ni un centímetro de mí.
Y luego me coge a horcajadas y me lleva a su cama.
En medio minuto estamos desnudos.
Nuestras manos se han vuelto completamente locas,
y él...
bueno,
él no deja de besarme.


Estoy demasiado caliente como para pensar en lo que estoy haciendo.
Lo que sí sé, es que si tuviera que definir el sexo en una palabra, diría su nombre.
Y de momento me quedo con eso.
Ya ha pasado.
Ahora, tendré que cambiar de línea.

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