27 ene. 2016

Día 1.

He decidido algo: El otro día soñé 
lo que os voy a contar a continuación y
pensé en que era obligatorio
 hacer algo con tanta imaginación,
así que os voy a contar mis 
sueños en forma de historia. 
La mayoría de ellos, suelen ser
 siempre en el internado en el que
pasé gran parte de mi vida, 
así que los intentaré hilar.
Espero que os guste y salga bien.
Aquí os dejo el inicio de todo... 


Comenzaba una nueva etapa. 
Tenía 20 años y volvía, allí, a mi internado, al sitio en el que había pasado los mejores y peores momentos de mi vida y en el que definitivamente me hice como persona.

No volvía al internado claro, iba a la residencia universitaria; al fin iba a empezar la carrera de periodismo, pero estaba todo en conjunto: mismo comedor, misma cafetería, mismo recinto...

 Como siempre, llegaba tarde y ya estaban todos comiendo, así que nada más llegar fui corriendo allí para saludar a mis antiguos compañeros y educadoras. 
La verdad es que los nervios me habían quitado el hambre. 
Presentía que iba a ser una gran etapa.

 - ¡Aliiiii! - dije corriendo mientras iba a abrazar a una de mis antiguas educadoras

 - ¡Pero bueno, qué mayor y cambiada estás, si solo te has ido dos años!

Nos sentamos a hablar mientras los internos acababan de comer y de repente vi a alguien en la zona de universitarios que me resultaba familiar.
Espera... ¡¿Qué?! Mi... ¿Mi padre? Pero eso es imposible... ¡Llevaba tanto tiempo sin verle!

Hice una señal a mi educadora  y fui corriendo a abrazarle.
Estaba más joven, como si tuviera veintitantos años, y definitivamente estaba estudiando aquí porque sino no podría estar en el comedor. 

 ¿Alguien que me explique qué está pasando?

Me agarró muy fuerte y con actitud posesiva de la mano y me llevó por el pasillo en dirección a la salida.

 - Javi - dijo a uno de los internos más pequeños - Dale una colleja a esos dos.
Y él sin rechistar se levantó y lo hizo.

Mi padre sonrió y a pesar de que le preguntaba por qué había hecho eso, una y otra vez, él seguía sin hablar.
Era todo muy extraño. 
Sobre todo era extraño el hecho de estar sintiéndome tan atraída por él, por su actitud prepotente, por sus veintidós años, por su cuerpo, por sus labios...

Nada más salir del comedor había unas escaleras en zigzag que dejaban un pequeño hueco al lado de una ventana en el que normalmente se solían guardar las sillas, pero hoy estaba vacío y de repente, casi sin darme cuenta, estaba apoyada contra la pared, besándome con él mientras me agarraba del cuello y la cintura demasiado fuerte. 
Tenía los ojos cerrados y algo me molestó. Cuando los abrí me di cuenta de que era un flash. 
Me estaba haciendo una foto.

 - ¿Pero qué coño haces?

Le cogí el móvil y vi que estaba lleno de fotos mías: en la ducha, leyendo, cambiándome...
Lo tiré al suelo y me eché a correr.
Cuando me empezó a perseguir saqué mi móvil y rápidamente tecleé 'socorro' para enviárselo a Alicia.

Y yo no sabía que acababa de pasar, pero definitivamente cambiaba y marcaba mi entrada a la universidad de una forma eterna e infinitamente rara, sobre todo porque mi padre llevaba trece años muerto.

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