8 abr. 2016

Sueños. Y no digo mentiras, digo sueños.

Rondaba el mes de septiembre y en Madrid todavía disfrutábamos de los últimos días de calor.
Bueno, todo lo que se podían disfrutar teniendo en cuenta cómo estaba todo.

Años atrás, hubo un atentado en Madrid en el que varias bombas arrasaron la ciudad. 
Las personas se fueron de allí aterrorizadas y así comenzó la decadencia: edificios derruidos y otros a punto de hacerlo por la falta de cuidado, escasa vegetación..., pero sobre todo poquísima gente.
Únicamente quedaban dos familias en la ciudad: los García y los Peña. Los turistas habían desaparecido. Ya no tenían nada que admirar en aquella ciudad. Solo venían algunos amigos de vez en cuando a visitar a los más jóvenes.

La familia de los García se encargaba del único hospital que había abierto, y los Peña racionaban la poca comida que les quedaba.
Su lealtad y sus recuerdos les impedían abandonar a su querida Madrid, aunque tarde o temprano tendrían que hacerlo.

Álvaro, primogénito de los García, trabajaba en la consulta. Y es verdad que no tenía muchos pacientes, pero le sobraba con Laura, la mayor de los Peña.

- Hola Melissa. - dijo Laura a la madre de su amigo al entrar en la consulta.
- Hola, pasa. - contestó ella secamente - Está dentro.
Como cada día, Laura iba al hospital a ver a Álvaro, aunque a Melissa eso parecía no gustarle demasiado.
- Bueno, bueno... - comentó Álvaro sonriendo al ver entrar a su amiga - ¿Qué tal hoy?
- Ya casi no queda comida. - dijo ella sentándose exhausta en la silla de enfrente - Y estoy muy cansada últimamente.
- Es normal, Lau. Después de todos los viajes que hacéis tu hermana y tú hasta Toledo para traer la comida cada semana...- respondió él mientras cogía el tensiómetro y se acercaba a su amiga - Voy a tomarte la tensión para ver cómo estás. ¿Tu padre no os ayuda?
- No. - contestó ella extendiendo el brazo - No hace más que llorar la muerte de mi madre.
- Solo han pasado cuatro meses, Laura.
- Sí, pero no sabemos cuánto tiempo tenemos. Nos quedamos aquí por mi madre y ahora todo se resume en huir o morir. Ya que él quiso quedarse aquí después de eso, al menos tendría que apechugar y poner de su parte.
- No hace falta que seas siempre tan fría...- susurró él acariciándole la cara - No conmigo.
Álvaro sentó a Laura sobre él. Ambos estaban dispuestos a hacerlo, a dar el primer paso y hacer público lo que todos sabían: llevaban años locos el uno por el otro, pero por la situación actual no se habían decidido a empezar una relación todavía.
Él comenzó a acercarse y justo cuando estaban a punto de besarse...

- Álvaro. - dijo en mal tono Melissa entrando a la sala y sorprendiendo a ambos. Laura se levantó sobresaltada, aunque el chico mantenía aún las manos de ambos entrelazadas - Sergio acaba de llamar. Dice que vendrá esta tarde. 
- Vale, mamá. Gracias. - respondió él - ¿Quieres venir? Iremos al almacén, como siempre. - preguntó dirigiéndose a Laura cuando su madre ya se había ido y volviéndola a sentar sobre él.
- Está bien. Tampoco es que haya mucho más que hacer aquí hoy... ¿Hace cuánto que no ves a tu primo?
- Un año y medio ya. Y la verdad es que echo en falta tener a algún chico de mi edad conmigo. Eres la mejor compañía que podría tener, pero hay cosas, como por ejemplo las o la chica - dijo guiñándole un ojo a su amiga - que son temas para hablar con un tío.
- Vaya... - rió ella. - Tienes razón. Yo también echo en falta a mis amigas. Tener hermana está bien, pero las nuestras son demasiado pequeñas todavía... Vale, me apunto. - dijo al cabo de unos segundos - Sobre las siete me paso por allí.
Dio un beso rápido en la mejilla a su amigo y se marchó.

Unas horas después se encontraban los tres sentados en un sofá cochambroso en el almacén, que no era más que una nave de las muchas que había abandonadas. 

- Bueno, Laura. Y tú... ¿tienes novio? - preguntó Sergio.
- Tuve. Antes de que pasara todo esto, estaba con un chico. Pero ahora no es que haya mucha variedad...- dijo sonriendo a Álvaro, que le sorprendió con un ceño fruncido en dirección a su primo. 
- ¿Y querrías? - volvió a preguntar el chico con aires de suficiencia - Yo estoy soltero.
Álvaro se levantó y comenzó a andar en dirección a la puerta. Laura corrió tras él.
- ¡Eh! - susurró ella cogiéndole de la mano para que parara.
- ¿Qué? - preguntó él. Se había enfadado. 
- Para mí, solo estás tú. - dijo ella sin soltar su mano - Tanto aquí... - continuó señalando a su alrededor - Como aquí. - dijo posando la mano del chico sobre su corazón.
Él agarró la cara de Laura y al fin, la besó con toda la pasión acumulada durante tantos años.

Y no, no sé si al final se fueron de Madrid. Lo que sí sé es que Sergio no volvió por allí, y que Melissa gritó bastante cuando se enteró de la relación a la noche siguiente. 
Lo demás, se lo dejo a tu imaginación.

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