31 dic. 2017

Adiós.

Me gustaría odiarte por las faltas de respeto, por engañarme y utilizarme. Por haber dado tanto de mí que acabé sin nada. Me gustaría poder borrarte de mi vida y hacer como que jamás exististe. Poder recuperar estos seis años de mi vida.
Pero ¿sabes qué? No puedo.
Me quedo con lo bueno. Me quedo con nosotros y no con el miedo.
Me quedo con haber podido vivir la historia más bonita e intensa que viviré nunca. Con saber que has sido el amor de mi vida. Con que lo intentamos hasta el final.
Me quedo con trasnochar contigo, las conversaciones sin sentido, aprendernos, contarte los lunares cada vez que me despertaba a tu lado, con crecer juntos, y apoyarnos en lo bueno y en lo malo.
Me quedo con que te quise como jamás he querido a nadie y con que lo intentamos. Con que creímos en nosotros y por un momento, lo hicimos posible.
Por eso te perdono, porque quiero poder contar esta historia algún día y quedarme con lo bueno.
Quiero poder hablar de lo fuerte que me hiciste y de que todo lo que aprendí, lo aprendí contigo.
El rencor es veneno, y yo no quiero matar nuestra historia.
Gracias por hacerme sentir hasta el infinito, por ser mi montaña rusa, por luchar, por hacer de un imposible un nosotros. Gracias por enseñarme que no todo tiene que tener un final feliz, que hay historias que no tienen sentido, y que cuando algo acaba es porque algo nuevo tiene que empezar.

30 dic. 2017

Lo que más rabia me daba de todo esto, era saber que las cosas podían cambiar en cualquier momento ¿sabéis?
Que no sabía aún qué era lo que nos tenía preparado la vida, que no sabía por qué llevaba tantos años en mi vida. Que tenía que haber una razón. Que tenía que haber un final feliz.

Y la verdad, es que he aprendido que hay cosas que no tienen sentido. Y que todos los finales son también principios, pero que no siempre sabemos verlo a tiempo.

Yo todavía tengo la puerta entreabierta, pero no sabéis las ganas que tengo de un buen portazo. La pregunta es, ¿me quedaré dentro?

Así que he decidido que deberíamos descubrirlo a la vez:

Voy a empezar mi primera novela.

27 dic. 2017

Cuando me preguntan por qué tú, yo pienso en cuando cambiabas de marcha con la izquierda por no quitar tu mano de mi pierna después de una semana sin verme. En cuando me abrazabas muy fuerte mientras dormías porque soñabas que me marchaba, en cuando apoyabas tu cabeza en mi tripa y yo me imaginaba lo mismo en cinco años y siendo tres, o en cuando me decías 'ven' haciendo el amor, porque los cinco centímetros que nos separaban te parecían demasiada distancia.
Y para mí eso era amor.
Y aunque no fuera suficiente nadie podrá decir que no lo intentamos, ni nos quitará que fuimos reales.

Nuevo año.

2017,
febrero, (porque enero ya sabemos que siempre es de prueba),
y saber que lo que siempre pensé que era para mí, realmente no lo es. 
Marzo, creer que he perdido el rumbo y volver a casa después de siete años fuera. 
Abril, y decidir que voy a cumplir mi sueño. Y volver a vivir amores imposibles. 
Junio, tiempo para darme cuenta de la importancia de las cosas y de las personas que tengo a mi lado. 
Julio, directa a mi sueño: EEUU. Y feliz.
Septiembre, 22 años y dejando de sobrevalorar cosas. Dando nuevas oportunidades. A sitios y personas. 
Octubre, descubriéndome. Viendo que soy feliz donde menos me esperaba. 
Noviembre, y Roscón. 
Diciembre, y resumiendo. 
2017, ha sido un año raro de cojones. Todavía quedan siete días para cerrar todas las puertas, pero puedo decir, que es el primer año el que he vivido tantas cosas buenas como malas, en el que me he redescubrierto, en el que he crecido por dentro y he vivido mil primeras veces, en el que me he hecho fuerte. Y definitivamente, que jamás olvidaré. 

9 dic. 2017

Cuidado con el precipicio.

Estuve muchos años enganchada a una relación basura en la que di tanto de mí que me quedé sin nada.
Todo el mundo me decía que tenía que salir de ahí, que me estaba consumiendo, que no me merecía.
¿Y qué sabrán ellos?, pensaba yo. Porque claro, le quería. Y ojalá bastara con querer.

Fueron seis años de idas y venidas, de crecer sin él pero siempre acarreando sus consecuencias.
Seis años y no tuvo ni un día para valorarme. Seis años de mentiras, de humillaciones, de vivirle en paralelo, de no ser nunca parte de él. Seis años de echar a perder todos mis avances cada vez que volvía. 

Un día me di cuenta. ¿Y menos mal. no?
Un día me desperté sabiendo que jamás iba a cambiar. Que no había una sola parte de él que me valorara, que me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser y que cuando se aburriera, a él le daría igual. Me desperté sabiendo que nunca había formado parte de su vida, y que jamás entendería todo lo que se esforzó en hacerme creer que me quería a su lado. Sus falsos "quiero vivir contigo", sus interminables "claro que me importas" que me martillaban la cabeza cada vez que me disponía a romper con aquello.

Y apesar de todo, seguí.
Seguí siendo insultada, menospreciada, seguí tragándome gritos que no venían a cuento, ser siempre el tercer plato para alguien que para mí era el menú completo. Seguí perdiéndome.

Y yo, ingenua, seguía pensando que si me dejaba y me volvía a hablar a los tres días, era porque la vida quería que estuviéramos juntos. Porque nuestro destino era ser felices juntos. ¿Qué ilusa, no?

Os resumiré la historia diciendo que estuvimos "juntos" cuatro meses, contando solo desde que "se dio cuenta de que me quería", y que yo me di cuenta de todo esto en el primero.
Aguanté como una valiente,
como una imbécil,
y al cabo de cuatro meses, tras cientos de conversaciones con amigos y mil más conmigo misma, simplemente me fui. Dejé de escribir, y él jamás se molestó en saber por qué.

Y vosotros, que lleváis leyendo más de tres años leyendo sobre la misma persona, no sabéis las ganas que tenía de regalaros un final feliz. Pero ha sido imposible.

Al menos, lo intenté.

Y la historia acaba aquí, aunque no sé si las letras.

Y es en momentos así en los que me pregunto si escribir es un regalo. Cuando me encuentro con una pantalla en blanco y mis manos me llevan siempre a la misma historia. Cuando me es imposible olvidar.

Y cuando el amor vuelva a mis letras, él me leerá preguntándose "¿seré yo?". Y posiblemente sí, pero con suerte ya no.

8 dic. 2017

Mil veces sí.

He decidido no escribirte más.
No volver a soñarte en letras,
no seguir haciéndote infinito.

Porque dicen que 
si un escritor se enamora de ti,
te hará inmortal.

Y yo ya tengo que haberte dado tres vidas.

He decidido no escribirte más,
a pesar de que tu jamás me leas,
y no tenga otra forma de pensarte.

No sé por cuánto tiempo,
pero has vuelto,
y solo quiero que te quedes
y quererte un rato más.

No sé cuántos abrazos
me quedan para darte,
o cuantas noches juntos.

Cuantas veces podré besar
la distancia de tu cuerpo.
Cuantas mañanas tendré,
para seguir contándote en lunares.

No sé por cuanto tiempo,
pero has vuelto.

Y solo puedo esperar,
que cuando me reencuentre
con este último nosotros en letras,
con este miedo a hacerte pasado;
tú me quieras,
hayamos hecho futuro,
y sigamos disfrutando de las vistas
de este nuestro precipicio.

Y pueda decir,
que sí
y mil veces sí,
a volver a caer de él si es contigo.

No sé por cuánto tiempo 
pero has vuelto,
y yo he decidido
dejar de escribirte.

Y es que ya no sé 
cómo hacer letras
todo este caos,
todas las ganas,
todos los síes.

Y hasta entonces,
vuelvo a estar preparada
por si te vas.

Porque sé,
que jamás
tendrás coraje
para admitirlo.

Que preferiste un presente seguro,
a un futuro feliz.
Que era mentira eso
de que no volverían a hacerte sentir.




27 nov. 2017

Diciembre contigo.

Llevas tanto tiempo estando sin estar del todo en mi vida, que ahora que ha llegado el momento no soy capaz de creerlo. 
Son tantos años sabiéndote imposible, que ahora solo tengo miedo de que vuelvas a marcharte y me dejes aquí con otra realidad a medias.

Pero dices que es verdad y me apetece luchar. Por ti, por mí, por una vida a tu lado. 
Y que venga lo que tenga que venir, que yo mandaré mi escudo bien lejos, para poder seguir teniéndote cerca un ratito más.

Llega diciembre y sigues aquí. Y es que es imposible no creer en el destino. En ese que me decías que no existía y que era las decisiones que tomábamos. 
Yo te elijo a ti. Ahora y mil veces siempre.

Llega diciembre y no encuentro mejor abrigo que tus brazos y ese huequito en tu cuello en el que me acurruco cuando te quiero y no sé cómo decírtelo, que parece hecho a medida para mí.

Y es que no hay cierzo que valga mientras sigas mirándome así. Llevame a la casa más fría que quieras, que para mí siempre será julio si eres tú el que me abriga.

Nos hemos chocado con tantas rocas en todos esos veranos juntos, que nuestro barco estaba a punto de hundirse. Pero llegó septiembre. Llegamos juntos.

Sigue viviéndome.
Sigue escribiendo esta historia conmigo.
Y tráeme de vuelta todos esos inviernos que nos dejamos por el camino.

Porque es diciembre,
sigues aquí,
y estoy preparada para salir a la tempestad
si al final del camino me estás esperando tú.

4 oct. 2017

Por qué te quiero en 65 palabras.

Te quiero porque eres casa. Porque tienes la magia necesaria como para hacerme sentir bien, aun estando a kilómetros. Porque contigo todo es paz. Aunque hayamos pasado la mitad de la historia en guerra.
Te quiero por la historia. Porque me has visto crecer, querer, quererte. Porque contigo aprendí que hay mundo más allá del primero, y que el que menos te esperas, puede ser.
Te quiero porque odias que piense en el futuro. En nuestro futuro.
Porque no te dejas querer y por eso yo te quiero por los dos.
Te quiero porque sé que lo sabes, todo, aunque no me lo digas.
Te quiero porque a pesar de todo, que no es poco, y estando en la otra punta del mundo, si pienso en con quien me gustaría despertarme mañana, la respuesta eres tú.
Te quiero a mi manera. Te quiero a mi lado, libre. Quiero que creas, que confies, que te dejes querer. Quiero que nunca dejes de enseñarme, quiero que no paremos de crecer y aprender juntos. Y te quiero porque llevamos muchos años haciéndolo.
Y te quiero también, porque sé que 65 palabras jamás serán suficientes, si las que ya llevo siguen quedándose cortas.
No lloro por no poder verte,
ni por que no saliera bien
ninguna de las mil y una veces
que apareciste en mi vida.
No lloro por haber sufrido,
o por haberlo intentado demasiado sin final feliz.
No lloro por seguir creyendo en nosotros
"a pesar de todo".
Y es que a pesar de todo, hay tiempo.
Y nunca será tarde si hay ganas.
Nunca será tarde si tú
y yo
seguimos creyendo en esto.
No lloro por haber dejado de sentir,
porque ahora solo hay paz.
No lloro por olvidarte,
porque me ha hecho abrir los ojos.
No lloro por seguir sin ti.
Porque mi vida, es vida sin ti.
Y es maravilloso darse cuenta de ello.
Pero seguimos siendo dos,
separados,
pero dos.
Seguimos haciendo historia.
Y así será mientras nosotros queramos que sea.
Y nada es imposible. Lo sabes.
Solo hacen falta ganas.
Querer de verdad. En todos los sentidos.
Porque amor no es absorber la vida del otro,
amor es compartir y complementarse,
para ser capaces de crear una nueva vida juntos,
sin que desaparezcan las nuestras propias.
Y yo siempre seré valiente cuanto tú te quieras rendir,
y seguiré creyendo cuando lo veas imposible.
Siempre tendré tiempo, para aprender a esperar(te), cuando a ti se te pare el reloj.
Y si volvieras a preguntarme lo mismo mañana,
que si eres el amor de mi vida,
te contestaría exactamente lo mismo:
Sí, mientras quieras.
Sí, si luchamos.
Sí.
Siempre sí.
Pero esa no es la pregunta.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a intentarlo?
Yo escribo para superar, para hacer recuento y revivir. Escribo para aclararme las ideas, aunque muchas veces mis letras hagan el efecto contrario. Escribo para desahogarme, para recordarte, para volver a vivirnos en la distancia. Escribo cuando estoy triste, para recordar cuando fui feliz.
Escribir forma parte de mí.
No puedes concebir una idea de mí, sin llevar a las letras de la mano. No puedes. Es imposible.
Y lo echo de menos. Echo de menos las montañas rusas, los extremos y colores. Echo de menos coger el móvil a las cuatro de la mañana desvelada, y acabar escribiendo en notas que nunca saldrán a la luz, todo lo que he aprendido hasta entonces. Todo lo que siento, que no es poco. Y todo lo que quiero que me quede por vivir.
Escribir es vida. Y leer, vivir dos veces.
Un día tiene un total de 86400 segundos. Y se lleva diciendo mucho tiempo que un solo segundo puede cambiarlo todo, o sea que a lo largo del día tienes 86400 oportunidades de hacerte feliz. 
Y por hacerte feliz me refiero a lanzarte. A quedar con ese amigo al que no ves desde hace semanas solo por pereza, a un beso, a un mensaje, a un te quiero...
Mi día tiene 86400 segundos, pero el tuyo también. Así que solo puedo decir que la vida es cuestión de prioridades. Y que nunca me valdrá un no tengo tiempo como excusa, pero sí como razón para perder la oportunidad de tu vida. 
Actúa.

Destino.

Creo que somos tan distintos que nos complementamos a la perfección. 
Y es que creo que la distancia a la paz más infinita, es la misma que recorro al ponerme de puntillas al besarte.
Y que se quiten los azules del mar, teniendo el verde de tus ojos.
Creo que seis años no son suficientes. Y que tenemos que seguir escribiendo esta historia.
Porque todo el tiempo que pasamos separados, merece la pena solo por volver a verte sonreír cuando me acerco a ti.
Pienso en todas las veces que apesar de los 'adiós', volvimos. En los besos que me dabas meses después en el mismo sitio en el que antes hubo lágrimas.
En como tus manos me hacían olvidar las partes duras de la historia.
En como tu cama se hizo casa y tus brazos refugio.
En como mi corazón me decía que siguiera intentándolo. Que si llevabas tanto en mi vida tenía que ser por algo.
Y lo intentamos. Finalmente lo intentamos.
Seis años después, más adultos, más jodidos, más distintos pero con las mismas ganas infinitas de vivirnos.

29 jun. 2017

Las tres primeras.

No sé cuántas veces van ya desde que nos conocimos. Cuántos besos, cuántas peleas, cuántas medias citas y cuántos ojalás. Pero sí sé todo lo que te quise decir y te dije, y todo a lo que nunca me atreví. Así que aquí está: mi carta de despedida. La real.
Y no importa en que momento leas esto.

¿Sabes? Hay una leyenda japonesa, que dice que dos personas que están destinadas a estar juntas, estarán unidas toda la vida por un hilo rojo atado al dedo meñique de ambos. No importa el tiempo que paséis sin veros, no importa si le conoces o no le has visto todavía... el hilo rojo jamás se romperá.

Es una leyenda que me parece genial, sobretodo porque como ya sabes, yo creo muchísimo en el destino.

Me han pasado cosas, y personas, que de vez en cuando han intentado tirar por la borda toda mi fe en él. Pero realmente creo que el destino es la base de la vida.
Estás destinado a ser algo. Depende de ti trabajar o no para serlo. La vida, irá poniendo metas, obstáculos y personas a lo largo de tu camino, pero solo tú eres responsable de elegir las correctas y de rendirte o no, cuando algo no vaya como te gustaría.

Yo creo, que nosotros estábamos destinados a ser. Y hablo en pasado, no porque me haya rendido, sino porque si tiene que ser será. Aunque no ahora.

Y no nos obligo, créeme. Estábamos destinados a ser, pero quizás no del todo.
A lo mejor esto era a todo a lo que podíamos aspirar... ¿Una pena, no?

En fin, sea o no lo máximo, quiero decirte varias cosas:

Jamás me arrepentiré de nada de lo que he hecho. Haya sido malo o no. Porque he aprendido muchísimo estando contigo todos estos años, tanto de la vida como de mí misma.
Además, has sido una de las personas con las que más he vivido. He sentido todo mil veces más: tus manos, un viaje en coche, unas vistas desde lo alto, un paseo por el parque, las primeras veces... He exprimido todo al máximo, y tengo cada segundo guardado muy adentro.

Quiero darte las gracias por haber aparecido en mi vida aquel agosto de hace ya seis años. Quiero que sepas que siempre que pienso en ti, solo me sale sonreír.No te guardo rencor por nada. Que te he querido querer con todas las ganas del mundo, que he visto en ti cosas que no sabía ni que existían, que echaré mucho de menos contarte los lunares por la mañana y seguir su recorrido con mis dedos, que nunca pararé de quererte más, en todos los sentidos. Que para mi no somos solo un sueño, para mí somos posibles.

Y por último, quiero decirte que apesar de que seguiré con mi vida y no sé qué va a ser de mí en un mes (ni mañana), siempre habrá un rinconcito dentro de mí que seguirá esperándote y tendrá la esperanza de verte y besarte aunque sea una vez más.

Para mí esta historia no ha hecho más que empezar.

Que seas feliz,
hasta que volvamos a encontrarnos.

25 jun. 2017

No me toques, no me sueltes.

Ay, el amor...
Está demasiado cerca de la indiferencia. Más de lo que pensamos.
Pero ¿qué pasa cuando quieres sentir indiferencia, cuándo la otra persona se merece indiferencia, y tu corazón no es capaz de hacerte caso porque sigue pensando en todos esos 'y si...' y ojalás?
Es algo así como soltarse de su mano cuando intenta dártela después de una discusión, aunque quieras estar tan junto a él que ni las pieles se diferencien.
Como cuando te pide un beso y te vas sin dárselo, aunque en realidad, te gustaría besarle el resto de tus días.
¿Cómo luchas contra eso? ¿Contra el odio que debes sentir vs todos los 'te echo de menos' que te salen del corazón cuando menos te lo esperas? ¿Qué pasa con todo el daño que os habéis hecho? ¿Merece la pena ahora meteros en la cama, como si fuérais dos desconocidos? ¿A pesar de vuestra historia, de lo que sientes y de que sabes que al final, acabará doliendo aunque veas eso como la mejor de las barreras? ¿Cómo luchas contra las ganas de quererle? ¿Merece la pena la autotortura de estar a diez centímetros de él pero sentirse a kilómetros, solo por volver a verle una vez más?
Yo creo que no.
Y pienso además, que ya lo sabes de sobra.
Así que párate un momento a pensar en lo que estás haciendo, valora la situación y sobretodo, valórate a ti misma.
Ahí tendrás la respuesta.

14 jun. 2017

Un segundo, otra vida.

Tu vida depende del tiempo.
Todo puede cambiar en un solo segundo.

Una mala decisión, aunque no sea con mala intención,
una palabra en el momento inoportuno,
una mirada que te condene,
o la confianza de creer que tienes toda la vida por delante.

Hace tres meses, vivía sin preocupaciones. Esperando.
Y a eso yo le llamaba felicidad.

¿Pero qué es realmente la felicidad?

¿Quizá, que venga una persona, te revuelva la vida y te haga vivir de verdad,
a pesar de saber que puede marcharse y llevarse consigo todo lo que creías ser antes de él?
¿O que te obligen a cambiar de vida de un día para otro,
y tengas que ver lo que es vivir y buscarse la vida, de cero, deprisa y por ti mismo?
¿O se es feliz cuando se vive tan poco que no tienes que preocuparte por nada más
que por seguir viviendo, esperando a que algo más pase?

No sé.
Ahora mismo tengo un cúmulo de sentimientos que no sabría describir.

Nueva vida, sin una zona de confort a la que volver, sin una persona que creía importante pero que he visto que realmente solo era alguien tóxico al que le apetecía jugar, con pocos amigos que viven lejos pero que valen por veinte que vivan cerca, con una familia que a pesar de que no comparta con ellos ni la mitad de cosas que me hacen ser quien soy, me quiere y sé que me apoya a pesar de todo, y con un viaje dentro de treinta y tres días que estoy segura de que me cambiará la vida.

¿Debo sentirme triste por lo que he perdido, feliz por todo lo que he ganado con la pérdida, ansiosa por el futuro que me espera o tranquila por conformarme con lo que hay?

No lo sé, chicos.
Pero una cosa os digo: la vida, es maravillosa.
Cada día tienes cientos de miles de oportunidades de empezar de cero. De crear tu propia vida y descubrirte a ti mismo.

Aprovechadlas.

¿El adiós definitivo?

De momento, este será el último texto que te escriba.
Y es que me voy, por fin, a la otra punta del mundo. A cumplir sueños, lograr metas y a descubrir lo que la vida tiene preparado para mí.

Hace cuatro meses, vivía tranquila y expectante, esperando que llegara la fecha. Pero no, decidiste volver a mi vida y ponerla del revés de nuevo. Y aquí estoy, despidiéndome otra vez de una de las mejores y más frustrantes historias que he vivido nunca.


La verdad es que me da miedo, porque siempre que nos hemos separado ha sido con enfados de por medio, y ahora no es así. Ahora es la vida lo que se entromete entre nosotros. Y me asusta pensar, que quizás sea esta la última vez que te vea, que te bese, que hagamos el amor o que andemos de la mano por las calles de Madrid.


Sí, volveré. Pero como ya me dijiste un día, la vida da muchas vueltas y no tengo ni idea de cómo seré, lo que pensaré o querré cuando vuelva de Estados Unidos. 

Así que voy a aprovechar, ahora ya que no queda más tiempo, a darte las gracias otra vez por nuestra historia. Llena de primeras veces, de risas, de lloros y de ganas. De cosas buenas y malas, pero siempre contigo.
Eres mi historia más especial, y por eso jamás podré olvidarla.

Pensando, he llegado a la conclusión, de que siempre he querido más contigo. Una "relación real". Y mientras tanto, no me he dado cuenta de que ya la estábamos teniendo.

La nuestra.
Que no tendría mucho de relación típica, pero oye, era nuestra historia. Y sobretodo, era real.

Yo creo que aquí acaba el nudo de la historia, ¿no?


Ya están todas las cartas puestas sobre la mesa y ya somos mayorcitos como para saber tomar o no la decisión correcta. Como para saber que arriesgarse siempre merece la pena.


Ahora solo falta el desenlace.


Espero que te vaya bien.

Te echaré de menos.

Otro año más.

Hace justo un año, te estaba escribiendo sobre el poco tiempo que nos quedaba
y todos los miedos que nos impedían sentir.
Yo, ingenua como siempre, no sabía que solo era falta de interés.

Hace justo un año, no sabía que quedaba un mes para que viviéramos uno de nuestros peores días. Ni para volver a perderte.

Pero hace un año, tampoco imaginaba que aún seguirías aquí. Hoy, diecisiete de junio de dos mil diecisiete, después de seis años.

No me gustan los textos típicos de feliz cumpleaños, así que seguiré escribiéndote así todos los años que pueda.

La verdad, es que si leyéramos ahora el texto del año pasado, no se notaría diferencia, porque estamos exáctamente en el mismo sitio: poco tiempo juntos, muchos sentimientos no correspondidos y una marcha inminente al otro lado del mundo.
Me hace gracia, ¿sabes?
Ver que por mucho que vivamos, no avanzamos. Somos como la pescadilla que se muerde la cola.
Y realmente no sé cuándo terminará esto, si es que algún día lo hace del todo, pero pase el tiempo que pase, nunca me arrepentiré de nada de lo que hemos pasado juntos, porque todo eso nos ha traído hasta aquí.

¿Qué historia, eh?
No sé si alguna vez te habrás parado a hablar de nosotros con alguien, pero es que nadie más que tú y yo entiende lo que pasa. Ni siquiera nosotros lo hacemos del todo.
Y eso me encanta, porque lo hace más especial. Lo convierte en locura. En autotortura, si me pongo a exagerar. Pero es que la vida es demasiado corta como para no dejar que me la desordenes de vez en cuando.

Espero que algún día, pueda felicitarte en persona. Eso significará que salió bien.
Hasta entonces, feliz cumpleaños.

Sigue regalándole al mundo tus vistas todo el tiempo que puedas.


1 jun. 2017

Junio.

Mayo ha muerto
con mis ojalás,
tus manos,
y todos los besos que nunca te dí.

He decidido que,
los cambios no es que vengan
sino que hay que crearlos.
Y por eso tú, junio,
vas a ser el conmienzo del mío.

Hoy me prometo dejar de pensarte,
y acabar el mes curada de ti.
Hoy me prometo dejar de escribirte,
y que tu nombre desaparezca de mis letras.

Hoy,
prometo desaparecer.

Y reaparecer en mi vida,
como la chica que fui.
Como la chica que murió 
por seguir mendigándote amor.

Junio,
con tus soles,
tus mares
y tus 'todo es posible en verano'.

Confío en ti
para recordar
lo que era ser feliz.

Confío en ti,
para disfrutar los últimos
cuarenta días
en lo que llaman 'mi' país.

Y sobretodo,
confío en ti,
para ayudarme a recordar quién era
y no volver a olvidarlo jamás.


31 may. 2017

Decisiones.

Todas las decisiones que tomas en la vida, te marcan más o menos, para bien o para mal y para siempre.
Hace ya muchos años que mi parte impulsiva decidió buscarte, sabiendo que había un 2% de posibilidades de encontrarte. Y lo consiguió.
Solo entonces empecé a creer en el destino.
Bien, pues esa fue una decisión que me marcó para siempre sin saberlo.
Le hice hueco en mi vida y en mi corazón a una persona que lo que mejor ha sabido hacer durante seis años es revolverme la vida y marcharse de ella una y otra vez, dejando todo destrozado a su paso.
Ni siquiera le voy a culpar de haberme enamorado de él. Eso ya entra dentro de las malas decisiones que todos tomamos de vez en cuando.
También, año tras año, el dejarle entrar en mi vida continuamente. Habiendo pasado lo que hubiera pasado, y aunque le colgara un cartel luminoso de PELIGRO del cuello, son decisiones que me han ido haciendo un poquito más como yo soy.
Más fuerte, más romántica, a veces más realista, siempre esperanzada y sobretodo creyente. Creyente en él y en el destino.
En que todo lo que hemos vivido todos estos años, ha sido por algo. Un algo que deberíamos descubrir tarde o temprano.
Bueno, pues la última vez que acepté, la última vez que le dejé entrar en mi cabeza y en mi vida, fue una caída al vacío inminente.
Dos meses han bastado para decepcionarme por él, por mí, y por todo ese falso destino que me nublaba la vista.
Palabras vacías, mentiras, te quieros que nunca llegan a decirse por miedo al que dirán, mi fuerza de voluntad que decae y el corazón roto que decide decirle adiós a pesar de estar completamente loco por él.
Decisiones, que nunca sabrás si fueron las correctas, pero que hay que saber tomar, para poder ordenar mi vida, y volver a retomar el poder, que le cedí a unas manos que lo único que han hecho es tocarme sin sentirme.
Decisiones que volverán a alejarme de lo que siempre creí que era lo mejor, a pesar de saber que acabaría conmigo.

Hoy.

Hoy, en una noche en la que echaba en falta tus manos recorriendo mis lunares.
Hoy, que tus besos ya no estaban ni tus brazos me daban calor.
Hoy, que tus ojos no me hacían sentirme la persona más maravillosa del mundo, porque ya no me miraban... he soñado contigo.
He soñado que venías en mitad de la noche y llamabas sin importarte nada más que verme.
Incluso juraría que he escuchado el timbre.
He soñado, que nadie más descubría tu escapada, que solo yo me despertaba y que volvíamos a abrazarnos, quizá bajo la mirada de algún que otro insomnio.
Hoy, he soñado que no había diferencias, ni tiempo, ni mares que pudieran separarnos.
He creído por un momento en que todo esto era posible.
Nos he visto haciendo planes, cometiendo locuras, compartiendo pasado y futuro. Nos he visto haciéndonos realidad,
y entonces, me he despertado con una presión horrible en el pecho que no sé si gritaba 'te quiero' o 'ayuda', pero joder... ¡cómo dolía!
Si esto es amor, no lo quiero.

25 may. 2017

Vida.

Vida es saber que me voy dentro de cincuenta días al país más maravilloso del mundo.
Vida es empezar de cero todas las veces que quieras.
Vida es tener la oportunidad de cumplir tus sueños.
Y hacerlos realidad.

Vida es seguir cumpliendo años.
Y hacerlo a tu lado.

Vida, es darte cuenta de que no te pasa nada.
De que los pocos problemas que tienes,
existen debido a la actitud con la que afrontas las cosas.
Pero estás viva. Y sana. Y debes ser feliz.

Vida es tener a las amigas más maravillosas del mundo.
Aunque estén lejos, están.

Vida es tener familia.
Que no será perfecta, ni la mejor,
pero es la mía, 
y eso es suficiente.

Vida es saber enamorarse.
Y hacerlo de ti.

Vida es saber luchar,
y vivir a pesar de los demás.

Es estar contigo,
ahora,
pese a todo.
Y seguir haciendo historia.

Vida es todo el futuro que tenemos por delante
para ser, creer y vivir.

Vida será todo cuando estés tú,
y cuando no,
vida será todo lo que se me ponga por delante.

Porque jamás,
jamás de los jamases,
volveré a dejar pasar
ni una sola oportunidad más.

Vida eres tú,
y yo contigo.

Vida, soy yo y mi historia.

Y tengo muchas ganas de seguir escribiéndola.

Will you be my one?

Esto no es lo que necesito.
Ni sufrimiento, ni dolores de cabeza, ni tener que llorarte para que nos veamos. No busco a alguien que no me demuestre que está conmigo cada día, que me quiere y sobretodo, que me respeta.

No necesito tenerte en mi vida si no voy a ser más que un segundo plato. Y si no vas a saber hacerme feliz.

Yo cometo fallos. Muchos. Créeme que lo sé. Pero si estoy con alguien, estoy con él al cien por cien. En lo bueno, en lo malo y lo peor. Y eso es también lo que espero recibir.

Necesito un amor de verdad.

Un amor que me haga levantarme feliz por las mañanas. En el que irse a la cama enfadados no sea una opción, y en el que nos importe lo que sienta el otro, porque así es como las relaciones se sacan adelante.

Necesito un amor incondicional. En el que pensemos que estar separados va a ser el peor de los males, pero que confiemos tanto en el otro que cada día lejos, también cuente.

Necesito un amor que nadie entienda. En el que discutamos por gilipolleces, pero nos queramos tanto que sea inevitable acabar juntos la noche. Sea donde sea. Estemos donde estemos.

Un amor verdadero, absurdo, incondicional y que nos consuma. Pero en el que siempre encontremos la forma de volver al lado del otro, porque sabemos que no hay nadie más que sepa hacernos sentir así. Ni que sepa hacernos querernos a nosotros mismos por encima de cualquier otro, incluso él.

Y por último, necesito un amor real.
Una historia que sea nuestra, irrepetible, indescriptible, que no haga falta contar. Una historia sin etiquetas. Una historia que vivir. Juntos.

Nuestra historia. Que no será la mejor, pero será nuestra. Y con eso es suficiente.

Se acabó.

Me he ido por la puerta de atrás,
pero me he ido.

Ya no sabía a qué más agarrarme para quererte un día más.
Ni tú sabías como dejar de dolerme.

Ya no podía despertarme de nuevo
echándote de menos.
Ya no podía seguir esperando que fueras alguien que jamás serás.

Tú eres tú con todas tus mentiras y verdades. Con todas tus virtudes y defectos. Con todos tus quereres y "te quise".

Pero yo ya no podía seguir siendo yo estando contigo.

Siempre que decidías volver, te abría las puertas. Siempre me hacía un poco más fuerte. Y sabía como volver a vivirte sin demasiadas expectativas.

Pero ahora...
Ahora ha sido imposible.

Estaba en carne viva. Abierta en canal. Vulnerable.
Mi corazón a la vista de todos. Y tú, haciéndolo pasatiempo.

Acabaste conmigo e hiciste tóxica la esperanza.
Y de mis primeras veces en mucho tiempo, un circo.

¿Sabes hacía cuánto no decía "te quiero"?¿O lo mucho que me cuesta siempre hacerlo?
¿Sabes las veces que me desperté de madrugada y toqué el lado izquierdo de la cama esperando encontrarte?
¿O la de veces que quise que esto fuera un sueño... y poder despertarme feliz y sin ti?

Nunca te has preocupado por saber cómo estaba. Ni tampoco por saber cómo es mi vida. Incluso cómo soy yo.

Para ti solo soy un conjunto de "dar por echo" que jamás conseguirás descubrir si son o no verdad, porque no hay nadie más que tú más allá de tus paredes.

Se acabó.

Se acabó sin empezar el amor. Y apareció sin deber la tristeza.

Y recuerda, que pese a todo te quise y te quise querer.
Solo espero que tú no lo hagas cuando yo ya me haya ido.

Adiós.

23 may. 2017

Vulnerabilidad.

Ya no sé cómo me he acostumbrado a vivir con esa parte de mí que heriste cuando te fuiste la primera vez. 

La que siempre acaba creyendo que la culpa de todo ha sido suya, y que esta vez será la definitiva y no volverás.
Pero no, siempre vuelves.
Sales y entras en mi vida como Pedro por su casa. A tu antojo.
¿Alguna vez te has parado a pensar en todo lo que eso conlleva para mí?


Cada vez que vuelves todo se hace más intenso.
¿Sabes, la última vez que te fuiste, lo que me costó dejar de verte en cada rincón? ¿Sabes que siempre me vienes a la mente cuando alguien menciona tu nombre? ¿Y lo que tardé en dejar de esperar un último mensaje?


No sabes nada sobre las veces en las que he pensado en ti al pasar por el sitio en el que nos conocimos, o por tu calle. Ni de cuando me venía tu olor aun estando en otra ciudad diferente.
No sabes nada de las veces en las que he deseado que estuvieras a la vuelta de la esquina. Ni del miedo que me daba poder encontrarme contigo.


En todos estos momentos, siempre deseé volver al pasado y haberme comportado de otra forma. Por si esa otra forma era la que habría marcado la diferencia. Porque me culpaba de todo lo que había pasado.

Hoy, seis años después de conocerte, sigo enganchada a ti como a la mejor de las drogas.

Hoy, sé que no todo es mi culpa, a pesar de que sigo intentando cambiar por ti.

Hoy, mi cerebro sabe cuál es el camino correcto y por qué puerta me tengo que ir, pero el imbécil de mi corazón sigue agarrado a ti con uñas y dientes.

Hoy, sigo queriendo alejarme de ti, en esta cuarta vez que has decidido volver, pero con la esperanza de que volvamos a encontrarnos.

Hoy, sé que ni 'destino' ni 'conexión' son palabras para nosotros. Que lo único que nos describe es 'toxicidad'.

Hoy, rezo por ser fuerte. Rezo por poder quererme tanto como lo hago contigo, y por fin, escribir también un punto y final en nuestra historia.

Hoy, espero dejar de pensar en todo lo que nos queda por hacer y nunca haremos, para darme cuenta de que ahí fuera hay alguien dispuesto a recorrer el mundo conmigo.

Hoy, busco fuerzas suficientes para decir 'no' a la esperanza más dolorosa de mi vida.

Hoy te pido que ceses en tu egoísmo. Y que me dejes volar, con las mismas alas que rompiste cuando quise volar a tu lado.

Estoy harta de tus falsas ilusiones, los castillos en el aire y las lágrimas vacías que lloras cuando me voy. (O cuando lo intento)

Estoy harta de no ser capaz. De toda esta vulnerabilidad que me consume cuando me vives. De toda esta tristeza que debo llamar amor.

Mi yo cuerdo, se debate entre gritarte todo el daño que me has hecho, o cortarse las manos para evitar escribirte una vez más.

Mi yo cuerdo es la que te odia por hacerme así. Por hacerme retroceder todo lo avanzado cada vez que vuelves. Por hacerme creer en algo que no existe.

Y la que lucha cada día con esa otra parte, que ya no sé ni cómo llamar, que vive por ti. Esa imbécil que siempre estará dispuesta a abrirte la puerta aunque sea la décima vez que llames.

Hoy, todas mis partes buscan paz. Y todas saben que es imposible encontrarla a tu lado.

Algún día, espero que pronto, nos largaremos a buscarla, terminando por fin esta historia interminable.

Cerrando por demolición mi corazón y mi cabeza, y cambiando todas las cerraduras, para que no puedas volver a entrar.


Jamás.

19 may. 2017

La verdad de nuestra historia.

Ya llevamos muchos meses sin saber del otro, y créeme, se vive mejor así. 

Ya no busco tu coche entre los atascos de Madrid,
ni los bares de Gran Vía me recuerdan a todos esos besos que te di.

Ya no echo de menos tus manos,
ni el asiento trasero de tu coche.

Ya no busco más
de lo que fui capaz de tener.

Ya no escribo cartas que nunca leerás,
ni cuento los días que me quedan para verte.
Porque no volveré a verte más.

Ya no seguimos escribiendo,
porque hace mucho
que vivimos el final.

En todo este tiempo sin ti,
me he dado cuenta de una cosa:
nunca te quise.

Solo quería querer.

Todo fue una farsa, ¿sabes?
Los besos,
las películas,
las cervezas y las fotos perdidas.

Las conversaciones hasta las tantas,
las llamadas de madrugada,
los 'te echo de menos',
y los planes sin cumplir.

Y aunque me da pena decirte,
que todo fue mentira,
fue una de las mentiras más intensas
de mi vida.

No nos pertenecemos,
no estamos destinados,
no hay nada que buscar.
Ni conseguir.

Estoy mejor así.

Solo quería escribirte,
para decirte que
todo está olvidado.

Que no te quise,
pero te quise querer
más fuerte que nunca.

Que no te tuve,
pero te ansié.

Y ya se sabe que las prisas no son buenas,
y las adicciones,
a veces llegan a matar.

Que espero que seas feliz,
y hagas feliz.
Y que dejes que te quieran.

Que espero que no nos volvamos a encontrar,
porque no quiero desenterrarte,
ni que Sergio Carrión vuelva a recordarme a ti.

Que espero que,
solo a veces,
me eches de menos
con las mismas ganas
con las que siempre 
me echaste de más.

Si estás buscando un por qué.

Si no me equivoco,
estás aquí buscando un por qué
al llevar días sin saber de mí.


Estás buscando un por qué,
a que la chica que bebía los vientos por ti
haya desaparecido.

Seguramente estés leyendo esto porque
esperas encontrar en todos estos textos
que nunca leíste,
una última pista.

Pues he de decirte,
a ti y a todas esas personas que siguen
la historia de dos desconocidos desde hace años,
porque ellos sí se dignan a leer,
que el por qué, eres tú.

Tú solito me has alejado de ti.
Tú, que nunca creíste en nosotros.

Tú,
con tus falsos besos, miradas vacías
y falta de tiempo.

Tú,
con tus miedos,
tu cabeza en el limbo,
y tu apreciada soltería.
Ni siquiera te dignaste en aparentar cierto respeto.
¿Y aún buscas un por qué?

Porque tú,
y yo,
éramos la idea perfecta,
en la vida equivocada.

Y es liberador darse cuenta,
que querer a alguien,
también es saber dejarle ir.

Y más,
cuando lo único que hace
es tenerte a medias
y quererte de mentira.

Y porque decidí quererme a mí también.
Porque de momento soy la única que ha sabido hacerlo mejor que nadie.

Y no,
no voy a olvidarte,
no podría.

Solo espero que si te da por volver,
como siempre,
lo hagas cuando sepas lo que quieres dar
y no solo lo que quieres que te den.

Tú eres mi por qué y mi por qué no.

Me he ido en busca de todo el tiempo que me hiciste perder.

La constelación de tus costillas.

Hoy al despertarme, 
por fin a tu lado,
he hecho un gran descubrimiento. 

Tienes mil lunares en la espalda,
que forman una pequeña gran constelación. 

Y es que yo me recorrería 
toda la puta vía láctea,
por poder contártelos 
una vez más. 

Hay algunos que están muy pegados
como si no tuvieran espalda suficiente.
Como diciendo:
"ven, acércate más que ya te echo de menos"
Que me recuerdan mucho a nosotros
cuando dormimos juntos.

Como cuando estamos a menos de veinte centímetros,
y a las cuatro de la mañana
te entra la necesidad 
de darte la vuelta y abrazarme
hasta dejarme sin aliento. 
Y es que todos tus roces
me quitan la respiración.

"Podría ver esto todas las mañanas sin cansarme",
he pensado hoy al abrir los ojos.
Y créeme, espero que así sea. 
Conlleve o no muchas otras cosas. 

Quiero perder la cuenta
de nuestros días,
de nuestro tiempo
Y de tus lunares. 

Y si me canso de contar,
empezar de nuevo. 
Siempre,

pero contigo. 

Ninguna mañana contigo.

Nunca he vivido una mañana contigo.

No sé cómo te tomas el café. 
O si bebes leche o té.

Nunca me has despertado a besos.
Ni tampoco he abierto los ojos al oír
tu movimiento entre las sábanas.

No nos hemos lavado los dientes juntos,
ni nos hemos pedido salir del baño por vergüenza.

Nunca he dormido con tu camiseta.
Ni me la has arrancado al despertar.

Nunca he visto amanecer contigo.

Lo nuestro eran las noches.

(Cuando era)

Y cuando era,
no nos hacía falta la luz.

Nuestros sentidos estaban más que desarrollados
aquellas noches.
Yo diría incluso,
que adquirían características especiales,
cada vez que estabas tú.

Te podía sentir,
aunque estuvieras a metros de distancia.
Te olía aun cuando ya me había ido.
Me conocía cada una de las curvas de tu cuerpo,
y me sabía de memoria tus lunares.
Podía quedarme mirando tus ojos,
o haciéndote cosquillas,
lo que parecía una eternidad.

De noche, solo nosotros,
éramos suficientes para vivir
y sobrevivir,
durante días,
sin nada más que piel.

Parecía ser suficiente,
pero ahora,
sigo echándo(te) de menos,
y alargando la mano al despertar.

Porque dejé de buscar las mañanas,
tapándolas con un 'todavía'
que nunca llegó.