10 feb. 2017

Far far away.

Iba a empezar este post hablando de las relaciones a distancia, y he descubierto que las peores son las que se tienen con uno mismo.

Hay momentos en los que te alejas de ti y te sientes perdido. Sientes que no estás siguiendo el camino correcto, que te estás tomando una pausa innecesaria, que estás perdiendo el tiempo. Sientes que estás defraudando a todo el mundo. Y eso, señores, duele más que cualquier otra cosa.

Pero ¿sabéis qué?
Llamadme ingenua, inmadura o lo que queráis: yo sigo creyendo en el destino.

Y sé también, que tomar un camino más largo no significa que no vayas a llegar a tu meta. Sea la que sea.
Sé que si tienes que ser algo en la vida, lo serás. Cueste lo que cueste. Todas las decisiones que tomes en la vida te llevarán a ello, las veas correctas o no. Y una vez allí dirás: Esto era, y mereció la pena.

Y no me digo esto a mí misma para justificar mis recientes decisiones, sino porque realmente creo que todos tenemos un destino. Un destino que se forma con todos los pasos que damos a lo largo de nuestra vida, con todas las frases que decimos, los gestos, la gente a la que despreciamos, a la que queremos y a la que amamos, (que no es lo mismo), con todos los viajes y todos los '¿y si...?' que nos decidimos a cumplir.

Y puede parecer que lo estás haciendo mal, pero tienes mucha vida por delante para hacer lo que se debe hacer. Lo que siempre te han dicho que debías hacer. Porque ¿qué pasa con lo que realmente quieres? Jamás estará mal lanzarse a cumplir tus metas, sean las que sean. La vida es muy larga. Y si no lo fuera, al menos la habrás terminado haciendo lo que te gusta.

Por eso hoy, llego a dos conclusiones: 

que sentirse perdido por decidir cambiar de rumbo, tomar las riendas de tu vida, y cumplir todos tus propósitos es una gran tontería. Aunque admisible debido a toda la mierda que te mete la sociedad en la cabeza acerca de "lo correcto y lo que todo el mundo hace para "ser feliz" y tener una vida completa". Lo cual se resume en: pasarte mitad de tu vida sentado en una silla haciendo caso a un señor que te cuenta cosas que no te van a servir para nada, mientras piensas que algún día serás tú ese señor al que hagan caso; para acabar de nuevo sentado en una silla, un poco más cómoda quizás, la otra mitad de tu vida, haciéndole caso a otro señor aún peor que el anterior y ganando una miseria para tener dos hijos, un coche, una hipoteca, una mujer y ningún principio y/o propósito más que no convertite en un señor gordo y feo, y no ser despedido.

Y la segunda conclusión a la que he llegado hoy, es que todo este tema me indigna tanto que he perdido completamente el hilo de lo que realmente os quería contar. 
Que es que, aunque llevo diciendo mucho tiempo que odio las relaciones a distancia (sin haber vivido ninguna más que las que he tenido conmigo misma alguna que otra vez), me he dado cuenta de que cada vez hay más gente que se conoce por redes sociales y que tienen relaciones satisfactorias. Muy a mi pesar, ya que para mí eso es más un retroceso social que un avance. 
He visto como la sociedad ha avanzado conforme lo ha hecho la tecnología, y que lo único que se necesita para tener una relación satisfactoria es confianza. Aunque sea a miles de kilómetros de distancia. 
Y además vuelvo al tema del destino: quizás la persona que te corresponde vive al otro lado del mundo. Si es así, todo se pondrá de vuestra parte para juntaros. 
Aunque no os lo van a dar todo hecho: que funcione o no ya depende de vosotros.

Y lo mismo con uno mismo. Y con la vida.

Confianza, esfuerzo y ganas, muchas ganas.
Yo las tengo... ¿y tú?

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