25 abr. 2017

Siempre duele hacer las maletas para irte de alguien.

A pesar de que creo que saber escribir lo que sientes y que algunos se sientan identificados con ello es un gran logro,
también es cierto que se suele escribir cuando tienes algo rondándote la cabeza. Lo que no siempre es buena señal.

Y yo ya llevaba mucho tiempo sin escribir.

Me gusta revisar mi blog porque cada texto es una persona, un momento concreto, y siempre me acuerdo de lo que sentía entonces (aunque ahora piense que era una imbécil monumental)

Y en gran parte de él, hablo de ti.

Hace un tiempo leí un texto que decía algo así como que en la vida tenemos dos amores verdaderos.
El primero, es esa persona con la que creas una vida, te casas y tienes una familia.
Y el segundo, es ese que te acaba de venir a la mente. Esa persona que ha hecho de tu vida una montaña rusa. Esa persona que ha llenado tus días de idas y venidas durante años, y que siempre te ha llevado de cabeza. Esa persona, esa historia que te hacía repetirte continuamente "se merece una oportunidad más, porque ¿y si...?¿y si es él?"

No sé si todos estamos destinados a vivir una relación así en nuestra vida, realmente espero que sí.
Y es que hay cosas que te llenan de energía aunque no sean siempre posibles ni fáciles.
Y para mí estas historias lo son: Imposibles que merece la pena vivir.

Tú eras mi imposible. Eras mi 'y si...'
Y aunque jamás me arrepentiré de haber intentado ser feliz a tu lado, hay cosas que no se pueden alargar eternamente.

Y es que si algo tienen estas historias de amor llenas de miedo, es que duelen. Mucho. Siempre. Aunque hayas cambiado. Aunque cada vez que os reencontréis te sientas una persona diferente y más madura. Siempre duelen. Y eso, es algo a lo que hay que saber sobrevivir.

El miedo es una, por no decir la única, razón de que existan los muros, las barreras y los arrepentimientos.
Y realmente creo que si este tipo de historias no terminan de fluir, es porque uno de los dos está realmente aterrorizado.

¿Tener miedo a ser feliz?, pensarás, ¡qué tontería!

Pues sí, pasa.

El miedo es un mal mayor. Te nubla la mente. No te deja salir de tu zona de confort. Te corta las alas. Te impide crecer. Y a veces, te aleja de todo eso que siempre quisiste, aunque solo estés a un paso de conseguirlo.

Intenté romper tus muros, intenté meterme dentro, intenté demostrarte que crecer juntos era una buena opción, pero el miedo es lo que hace de esto un imposible, y ahora es tiempo de marchar.


Todavía me queda otro amor por vivir.

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