19 may. 2017

Ninguna mañana contigo.

Nunca he vivido una mañana contigo.

No sé cómo te tomas el café. 
O si bebes leche o té.

Nunca me has despertado a besos.
Ni tampoco he abierto los ojos al oír
tu movimiento entre las sábanas.

No nos hemos lavado los dientes juntos,
ni nos hemos pedido salir del baño por vergüenza.

Nunca he dormido con tu camiseta.
Ni me la has arrancado al despertar.

Nunca he visto amanecer contigo.

Lo nuestro eran las noches.

(Cuando era)

Y cuando era,
no nos hacía falta la luz.

Nuestros sentidos estaban más que desarrollados
aquellas noches.
Yo diría incluso,
que adquirían características especiales,
cada vez que estabas tú.

Te podía sentir,
aunque estuvieras a metros de distancia.
Te olía aun cuando ya me había ido.
Me conocía cada una de las curvas de tu cuerpo,
y me sabía de memoria tus lunares.
Podía quedarme mirando tus ojos,
o haciéndote cosquillas,
lo que parecía una eternidad.

De noche, solo nosotros,
éramos suficientes para vivir
y sobrevivir,
durante días,
sin nada más que piel.

Parecía ser suficiente,
pero ahora,
sigo echándo(te) de menos,
y alargando la mano al despertar.

Porque dejé de buscar las mañanas,
tapándolas con un 'todavía'
que nunca llegó.

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