23 may. 2017

Vulnerabilidad.

Ya no sé cómo me he acostumbrado a vivir con esa parte de mí que heriste cuando te fuiste la primera vez. 

La que siempre acaba creyendo que la culpa de todo ha sido suya, y que esta vez será la definitiva y no volverás.
Pero no, siempre vuelves.
Sales y entras en mi vida como Pedro por su casa. A tu antojo.
¿Alguna vez te has parado a pensar en todo lo que eso conlleva para mí?


Cada vez que vuelves todo se hace más intenso.
¿Sabes, la última vez que te fuiste, lo que me costó dejar de verte en cada rincón? ¿Sabes que siempre me vienes a la mente cuando alguien menciona tu nombre? ¿Y lo que tardé en dejar de esperar un último mensaje?


No sabes nada sobre las veces en las que he pensado en ti al pasar por el sitio en el que nos conocimos, o por tu calle. Ni de cuando me venía tu olor aun estando en otra ciudad diferente.
No sabes nada de las veces en las que he deseado que estuvieras a la vuelta de la esquina. Ni del miedo que me daba poder encontrarme contigo.


En todos estos momentos, siempre deseé volver al pasado y haberme comportado de otra forma. Por si esa otra forma era la que habría marcado la diferencia. Porque me culpaba de todo lo que había pasado.

Hoy, seis años después de conocerte, sigo enganchada a ti como a la mejor de las drogas.

Hoy, sé que no todo es mi culpa, a pesar de que sigo intentando cambiar por ti.

Hoy, mi cerebro sabe cuál es el camino correcto y por qué puerta me tengo que ir, pero el imbécil de mi corazón sigue agarrado a ti con uñas y dientes.

Hoy, sigo queriendo alejarme de ti, en esta cuarta vez que has decidido volver, pero con la esperanza de que volvamos a encontrarnos.

Hoy, sé que ni 'destino' ni 'conexión' son palabras para nosotros. Que lo único que nos describe es 'toxicidad'.

Hoy, rezo por ser fuerte. Rezo por poder quererme tanto como lo hago contigo, y por fin, escribir también un punto y final en nuestra historia.

Hoy, espero dejar de pensar en todo lo que nos queda por hacer y nunca haremos, para darme cuenta de que ahí fuera hay alguien dispuesto a recorrer el mundo conmigo.

Hoy, busco fuerzas suficientes para decir 'no' a la esperanza más dolorosa de mi vida.

Hoy te pido que ceses en tu egoísmo. Y que me dejes volar, con las mismas alas que rompiste cuando quise volar a tu lado.

Estoy harta de tus falsas ilusiones, los castillos en el aire y las lágrimas vacías que lloras cuando me voy. (O cuando lo intento)

Estoy harta de no ser capaz. De toda esta vulnerabilidad que me consume cuando me vives. De toda esta tristeza que debo llamar amor.

Mi yo cuerdo, se debate entre gritarte todo el daño que me has hecho, o cortarse las manos para evitar escribirte una vez más.

Mi yo cuerdo es la que te odia por hacerme así. Por hacerme retroceder todo lo avanzado cada vez que vuelves. Por hacerme creer en algo que no existe.

Y la que lucha cada día con esa otra parte, que ya no sé ni cómo llamar, que vive por ti. Esa imbécil que siempre estará dispuesta a abrirte la puerta aunque sea la décima vez que llames.

Hoy, todas mis partes buscan paz. Y todas saben que es imposible encontrarla a tu lado.

Algún día, espero que pronto, nos largaremos a buscarla, terminando por fin esta historia interminable.

Cerrando por demolición mi corazón y mi cabeza, y cambiando todas las cerraduras, para que no puedas volver a entrar.


Jamás.

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