14 jun. 2017

Otro año más.

Hace justo un año, te estaba escribiendo sobre el poco tiempo que nos quedaba
y todos los miedos que nos impedían sentir.
Yo, ingenua como siempre, no sabía que solo era falta de interés.

Hace justo un año, no sabía que quedaba un mes para que viviéramos uno de nuestros peores días. Ni para volver a perderte.

Pero hace un año, tampoco imaginaba que aún seguirías aquí. Hoy, diecisiete de junio de dos mil diecisiete, después de seis años.

No me gustan los textos típicos de feliz cumpleaños, así que seguiré escribiéndote así todos los años que pueda.

La verdad, es que si leyéramos ahora el texto del año pasado, no se notaría diferencia, porque estamos exáctamente en el mismo sitio: poco tiempo juntos, muchos sentimientos no correspondidos y una marcha inminente al otro lado del mundo.
Me hace gracia, ¿sabes?
Ver que por mucho que vivamos, no avanzamos. Somos como la pescadilla que se muerde la cola.
Y realmente no sé cuándo terminará esto, si es que algún día lo hace del todo, pero pase el tiempo que pase, nunca me arrepentiré de nada de lo que hemos pasado juntos, porque todo eso nos ha traído hasta aquí.

¿Qué historia, eh?
No sé si alguna vez te habrás parado a hablar de nosotros con alguien, pero es que nadie más que tú y yo entiende lo que pasa. Ni siquiera nosotros lo hacemos del todo.
Y eso me encanta, porque lo hace más especial. Lo convierte en locura. En autotortura, si me pongo a exagerar. Pero es que la vida es demasiado corta como para no dejar que me la desordenes de vez en cuando.

Espero que algún día, pueda felicitarte en persona. Eso significará que salió bien.
Hasta entonces, feliz cumpleaños.

Sigue regalándole al mundo tus vistas todo el tiempo que puedas.


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